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Opinión: Hoy es San Francisco de Asis!! Patrono de los Animales y de los Ecologistas, por Ángel Corbalán

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“Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible.” (Francisco de Asis)

Es el santo patrono de todos los animales, veterinarios y de los ecologistas, y son muchas las anécdotas que dan cuenta de la conexión especial y el poder que San Francisco tenía con los animales.

Cuenta la historia, que todas las especies lo escuchaban y obedecían sus órdenes, entre ellas las golondrinas, que lo seguían en bandadas y formaban una cruz por encima del lugar donde él predicaba. Hasta un lobo salvaje que devoraba las ovejas y atacaba a los hombres, dejó de agredir tras ser amansado por este ecologista italiano.

Con el paso del tiempo, estas anécdotas que demuestran el amor de San Francisco por la naturaleza fueron las que motivaron a la Organización Mundial de Protección Animal a instaurar el 4 de octubre (fecha en la que falleció el santo) como Día Mundial de los Animales.

Asimismo, el Papa Juan Pablo II también valoró el accionar ecológico de este gran hombre italiano y, en 1980, lo proclamó Patrono de los Animales y de los Ecologistas.

El retrato de san Francisco

Las oraciones de la Misa trazan hoy un fiel retrato de San Francisco. Este hombre de Dios «dejó su casa, abandonó la herencia que le pertenecía y logró llegar a ser pobre y necesitado; v así. el Señor le tomó a su servicio».

Francisco llevó una vida «asemejándose a Cristo por la humildad y la pobreza», llena de «amor jubiloso»; «se consagró al misterio de la cruz»; «en su caridad y en su celo apostólico», se puso al servicio de todos para salvarlos a todos. Francisco de Asís es, sin duda, el santo cuya vida ha reproducido más a la letra la de Jesús.

Desde el día en que, en San Damián oyó cómo le decía el Crucificado: «Vete y repara mi Iglesia en ruinas» (1206) hasta aquel otro en que, sobre el Averno, recibió los estigmas de la Pasión (1224), y al de su muerte, tendido en tierra, cerca de Santa María de los Ángeles (1226), toda su vida dilatada de itinerante entre sus hermanos a los que por humildad, llamó Hermanos Menores.

Francisco no tuvo otro deseo que fijar sus pasos tras las huellas de Jesús, a fin de vivir las Bienaventuranzas. «Dichosos los pobres»: Francisco se encuentra reflejado por entero en esas palabras: . dicha y pobreza, dicha nacida de la pobreza, simplicidad de corazón y humilde adhesión a los ministros de Jesucristo, ternura para con todos los hombres y, más allá de ellos mismos, para con todas las criaturas, tal es el secreto de la felicidad que Francisco enseñó a sus hermanos y hermanas. Y su mensaje sigue permanente en la Iglesia.«El varón que tiene corazón de lis, alma de querube, lengua celestial, el mínimo y dulce … », dirías que es el santo más para todo el mundo.

Ateos, agnósticos, herejes, anticlericales, todos sienten una ternura especial por el Poverello, y de esta manera quizá se abarata un poco su santidad, hecha sentimentalismo laico. De todas formas, quede claro que no era un bohemio caprichoso, como hijo de mercader sabía muy bien lo que costaba el dinero, pero también que el camino hacia Dios pasa por la renuncia, por lo que suele llamarse pobreza, y cuando ya no tenemos nada habrá que seguir dando, se da uno mismo, lo que se es.

Mientras tengamos cosas, éstas nos protegen de Dios, y una vez libres de las cosas y de su deseo, sólo queda darse, y eso es lo que significa la Pobreza. Lo que todos queremos rehuir prescindiendo cómodamente de lo exterior y de lo superfluo, hasta que desnudos de todo, se acaba dando el último reducto, la voluntad. Y sin embargo nadie glorificó como él la Creación, el hermano mundo. Desprendido de todo y amante finísimo de todo, del agua, del fuego, de la tierra, del aire, del hermano lobo, de la hermana ceniza, que es casta, decía, hasta de unos pasteles de almendra que le preparaba cariñosamente una devota.

El mundo, visto a través de Dios, es fraterno y hermoso, hasta en la hermana muerte, se disfruta en su voluntaria privación. Es el arte de la posesión en Dios, el arte de poseer la tierra con esa extraña lógica de los santos que es su tener y no tener: no teniendo nada, no deseando nada, se posee de verdad todo, siendo libre de las cosas se señorea alegremente el universo. ¡¡¡ paz y bien !!! Paix et bien!!! frieden und guten! Pace e bene! Peace and godness!

Oh San Francisco,
que recibiste los estigmas en La Verna,
el mundo tiene nostalgia de ti
como icono de Jesús crucificado.

Tiene necesidad de tu corazón
abierto a Dios y al hombre,
de tus pies descalzos y heridos,
y de tus manos traspasadas e implorantes.

Tiene nostalgia de tu voz débil,
pero fuerte por el poder del Evangelio.
Ayuda, Francisco, a los hombres de hoy
a reconocer el mal del pecado
y a buscar su purificación en la penitencia.

Ayúdalos a liberarse también
de las estructuras de pecado,
que oprimen a la sociedad actual.
Reaviva en la conciencia de los gobernantes
la urgencia de la paz
en las naciones y entre los pueblos.

Infunde en los jóvenes tu lozanía de vida,
capaz de contrastar las insidias de las múltiples culturas de muerte.

A los ofendidos por cualquier tipo de maldad
concédeles,Francisco, tu alegría de saber perdonar.

A todos los crucificados por el sufrimiento,
el hambre y la guerra, ábreles de nuevo las puertas de la esperanza.

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Opinión: Planificar las pasiones, por Rafael Fenoy

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La conducta humana suele estar dirigida por la razón a la que en unas ocasiones se suma la pasión como fuerza que empuja a la acción y en otras es sustituida por esta de forma que la pasión dirige y anima al mismo tiempo.
La pasión emparentada con el padecer puede convertirse, y con frecuencia así ocurre, en un desenfreno, un desmedido sentimiento que arrastra la vida más allá de la razón, haciendo esclava a la voluntad del frenesí pasional. Creando el espejismo de que quien padece la pasión sigue teniendo capacidad para decidir y competencia para discernir.

¿Qué sería de la vida sin pasiones? Un erial estéril, de sentimientos neutros, que abocarían a la mayor de las depresiones y desesperanzas. Bueno es tener pasiones en la vida. Necesarias son para impulsar la conducta hacia lo deseable, lo que se precisa para conseguir la felicidad. Sin embargo, al igual que el agua encauzada brinda múltiples beneficios y desbordada es causa de grandes males, así aquello que nos apasiona debe acotarse en un afán de delimitar y diferenciar el ser uno mismo, el yo personal y sus circunstancias, de la tendencia pasional.

Para ello nada mejor que reconducir la conducta mediante una razonable organización del tiempo. Porque vivir sólo se puede materializar en momentos de vida. Adjudicando estos fragmentos de existencia de manera inteligente la pasión nos conduce a las metas deseadas, salvaguardando el equilibrio emocional que permite la serenidad del ánimo y la reflexión necesaria para cualquier planificación.

Surge pues la necesidad de planificar las pasiones de manera que nunca se conviertan en el todo y si asuman la benéfica parte que le corresponda. Y esta planificación temporal queda sujeta al artilugio medidor del tiempo, el reloj, que se convierte en un aliado poderoso al quedar, cual Ulises atado al mástil de la nave, fuera del alcance del sugestivo canto de la pasión, ya que quien la padece sabe que lo inunda todo, lo quiere todo incluso pretendiendo inmolar la vida de quienes la padecen.

Fdo Rafael Fenoy Rico

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Opinión: Direcciones educativas controladas políticamente, por Rafael Fenoy

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El consejo de gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado el texto del nuevo decreto que regula el nombramiento de las personas que asumirán las direcciones de los centros educativos andaluces y que una vez publicado en el Boletín Oficial será norma.

El gobierno del PSOE podría ser coherente con las desaforadas críticas que hizo, y hace, a la LOMCE (Ley Orgánica Mejora Calidad de la Educación), la ley del PP, y desarrollar un marco de mayor transparencia y participación de las comunidades educativas en la elección de directoras y directores en centros educativos andaluces. Ha preferido la incoherencia porque en definitiva pretende aumentar el poder político sobre las direcciones de los establecimientos escolares. Esto se refleja en que sólo en un 44,5 % podrán intervenir las comisiones de consejos escolares en esta importante tarea.

Es la Administración educativa la que tiene un peso decisivo a la hora de elegir a los candidatos. Así aunque el Gobierno Andaluz afirma que se mantiene el papel de la comunidad educativa en la elección de la Dirección del Centro, en realidad su papel es meramente de comparsa. La LOMCE fija en al menos un 30 % la participación de la comunidad educativa. Podría el PSOE andaluz ser coherente y atribuirle mayor protagonismo. Pero políticamente el PSOE quiere seguir “mangoneando” las direcciones de los centros atribuyéndose el 55% del resultado selectivo.

Además de dejar en anecdótica la participación de la comunidad educativa y a pesar del boato y liturgia para de “manera participativa” elegir la dirección del centro, el decreto sigue otorgando el máximo control sobre estas a los estamentos políticos que pueden cesarlas inmediatamente utilizando un simple procedimiento administrativo, no regulado y por tanto dejado a la discrecional del político de turno, Así se concreta en el artículo 12, Cese de la dirección: ”El cese del director o de la directora se producirá en los siguientes supuestos:… d) Revocación motivada, por la persona titular de la correspondiente Delegación Territorial, a iniciativa propia … por incumplimiento grave de las funciones inherentes al cargo de director. En todo caso, la resolución de revocación se emitirá tras la instrucción de un expediente contradictorio, previa audiencia al interesado y oído el Consejo Escolar.”

De este tipo de expedientes ya hay experiencias, muy desagradables por cierto, precisamente para un director cesado fulminante y políticamente por el delegado provincial. Cese que fue recurrido y ganado ante tribunales, que en sus considerandos se deshicieron en reproches al político de turno y que supuso la pérdida del honor, el daño moral, profesional y económico del docente. El daño está hecho y sobre todo el político siguió haciendo escarmiento entre el colectivo de directores y directoras que recibieron el mensaje de quien mandaba.

Dictadores en plena ¿democracia? En una sociedad democrática las normas deben garantizar la objetividad en la valoración de méritos y las garantías en caso de sanciones. El capricho político no debe nunca tener la oportunidad de manifestarse. Este desgraciado Decreto ahonda, si cabe aún más, en este empeño del PSOE de seguir controlando políticamente a las direcciones de los centros educativos andaluces.

Fdo Rafael Fenoy Rico

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Opinión: ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?, por Ángel Corbalán

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Hoy, contemplamos al padre y dueño de la viña pidiendo a sus dos hijos: «Hijo, vete hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,29). Uno dice “sí”, y no va. El otro dice “no”, y va. Ninguno de los dos mantiene la palabra dada.

Seguramente, el que dice “sí” y se queda en casa no pretende engañar a su padre. Será simplemente pereza, no sólo “pereza de hacer”, sino también de reflexionar. Su lema: “A mí, ¿qué me importa lo que dije ayer?”.

Al del “no”, sí que le importa lo que dijo ayer. Le remuerde aquel desaire con su padre. Del dolor arranca la valentía de rectificar. Corrige la palabra falsa con el hecho certero. “Errare, humanum est?”. Sí, pero más humano aún —y más concorde con la verdad interior grabada en nosotros— es rectificar. Aunque cuesta, porque significa humillarse, aplastar la soberbia y la vanidad. Alguna vez habremos vivido momentos así: corregir una decisión precipitada, un juicio temerario, una valoración injusta… Luego, un suspiro de alivio: —Gracias, Señor!

«En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios» (Mt 21,31). San Juan Crisóstomo resalta la maestría psicológica del Señor ante esos “sumos sacerdotes”: «No les echa en cara directamente: ‘¿Por qué no habéis creído a Juan?’, sino que antes bien les confronta —lo que resulta mucho más punzante— con los publicanos y prostitutas. Así les reprocha con la fuerza patente de los hechos la malicia de un comportamiento marcado por respetos humanos y vanagloria».

Metidos ya en la escena, quizá echemos de menos la presencia de un tercer hijo, dado a las medias tintas, en cuyo talante nos sería más fácil reconocernos y pedir perdón, avergonzados. Nos lo inventamos —con permiso del Señor— y le oímos contestar al padre, con voz apagada: ‘Puede que sí, puede que no…’. Y hay quien dice haber oído el final: ‘Lo más probable es que a lo mejor quién sabe…’

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.” Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

En el Evangelio de hoy (Mt. 21, 28-32),nos cuenta Jesús que un padre envía a sus dos hijos a trabajar. Uno le contesta que sí va a trabajar …pero realmente se escapa de su obligación y no va. El otro le dice que no quiere ir, pero luego recapacita y va a hacer lo que el padre quiere.

Jesús tenía una audiencia resistente a sus enseñanzas. Por eso les pregunta: “¿Cuál de los dos hijos hizo la voluntad del padre?”. Por supuesto, tuvieron que responderle de la única manera que podía responderse: “El segundo” fue quien hizo lo correcto.

Luego pasa a acusar a sus interlocutores, diciéndoles que los pecadores, “los publicanos y prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios”. Y confirma su acusación, reclamándoles que tampoco le hicieron caso a San Juan Bautista, el primo de Jesús que predicó antes que él, llamándolos a la conversión y el arrepentimiento.

¿Por qué esta fuerte reprensión del Señor? Porque ésos que se oponen a Jesús son miembros importantes del pueblo elegido por Dios, son los primeros llamados para recibir el mensaje de salvación que trae el Mesías esperado. Y como el hijo de la parábola, habían dado el “sí”, pero luego no estaban haciendo lo que el Padre esperaba de ellos.

Se sentían muy seguros de su “sabiduría” y de su “santidad”… Tan santos se consideraban, que creían que no necesitaban convertirse cuando el Bautista llamaba al arrepentimiento. Y tan sabios, que pretendían oponerse al Mesías enviado por Dios.

El otro hijo representa a los pecadores reformados, aquéllos que inicialmente dicen que no, pero luego se arrepienten y terminan haciendo la voluntad del padre. Por eso Jesús les hacer ver a los allí presentes -y nos hace ver a nosotros hoy- que los pecadores, los despreciados por ellos, pueden estar más abiertos para seguir la Voluntad Divina y, por tanto, para recibir el Reino de Dios. Mientras que aquéllos que ya se consideran sabios y santos, se cierran porque creen que ya saben todo y piensan además que están muy bien.

La Primera Lectura (Ez. 18, 25-28) nos hace ver que aquéllos que han dicho sí inicialmente y se apartan del bien y del camino de la voluntad de Dios, no pueden culpar a Dios de su inconstancia -de su pecado- sino que tienen que buscar la culpa en ellos mismos.

Eso nos lo dice el Señor por boca del Profeta Ezequiel, enseñanza que refuerza lo que Jesús ha planteado en la parábola de este Domingo. “Cuando el justo (el santo) se aparta de su justicia (de su santidad), comete la maldad y muere; muere por la maldad que cometió. Cuando el pecador se arrepiente del mal que hizo y practica la rectitud y la justicia, si recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá” (Ez. 18, 25-28).

Resumiendo: Mientras estemos vivos siempre hay oportunidad de recapacitar y de arrepentirse. Pero no por esto hay que esperar el último momento, porque no sabemos el día, ni la hora (cfr. Mt. 24, 26).

Y no basta ser fiel por un tiempo. No basta decir sí una vez. El SÍ que le damos al Señor debe ser constante y permanente. Hay que dar el sí de una vez por todas. Ese es el SÍ inicial. Pero éste hay que reiterarlo en cada oportunidad, porque nos tocarán vivir situaciones fáciles y difíciles, o momentos de alegría y de sufrimiento. Y siempre hay que decir sí.

Es decir, para vivir en la Voluntad de Dios se requiere constancia y perseverancia hasta el final. No basta ser fieles por un tiempo, sino todo el tiempo y hasta el final, pues nos dice el Señor: “El que se mantenga firme hasta el final, se salvará” (Mc. 13, 13).

Tampoco hay que sentirse seguro: “El que crea estar en pie, cuide de no caer” (1Cor. 10, 12).

Por último, estas lecturas constituyen un nuevo llamado a la humildad, a no creernos ya totalmente convertidos, ni demasiado “sabios”, a sabernos necesitados de conversión siempre… hasta el último momento.

En la Primera Lectura San Pablo nos enseña hasta dónde llega la humildad de Jesús, que en todo debemos imitar: “El, a pesar de ser Dios, nunca hizo alarde de su condición de Dios, sino más bien se rebajó a sí mismo… se hizo semejante a los hombres … se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz”. (Flp. 2, 1-11).

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Opinión: Stop bullying y cibercullying, por Ángel Corbalán

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La solidaridad es una cualidad que tienen algunas personas para ayudar desinteresadamente a los demás. Está considerada como un valor que dignifica a las personas que la poseen y que hace que sean reconocidas públicamente.

En algunas imágenes en prensa digital y en otros medios en la red, hemos observado la manipulación de menores por sus mismos familiares en temas que no deberían afectar a estos niños y niñas en esas edades. Cuando están en formación y lo que escuchan y observan en sus mayores, les puede marcar un camino en la vida muy alejada a la solidaridad y el respeto al diferente.

Los niños no nacen solidarios, la solidaridad se enseña a los niños a través de muchas formas y en distintas situaciones del cotidiano. Aquí algunos consejos para enseñar a los niños a que sean solidarios:

1- La solidaridad debe ser enseñada y transmitida a los niños sobretodo a través del ejemplo. Los padres deben ejercitar la solidaridad entre ellos, con sus hijos, vecinos , amigos y otros familiares. Es el ejercicio que más fomenta la interiorización de los valores en los niños.

2- Es necesario que los padres enseñen a los niños a ponerse en el lugar del otro y eso puede empezar por ellos mismos. A partir de los 2 años de edad, los niños ya empiezan a tener más conciencia del otro, de conductas como el compartir, asistir, colaborar, ayudar, etc. Ese es un buen momento para empezar.

3- Ser solidario debe ser una regla como las demás normas de educación.

4- Es muy importante la comunicación entre padres e hijos. La comunicación fomenta la confianza de los niños a las enseñanzas y a la transmisión de valores de sus padres.

5- Es recomendable que los padres hablen a sus hijos de lo que está bien y mal, como también de lo que al otro le gustaría y qué podría hacer ellos para colaborar, para ayudar o cooperar.

6- Una educación permisiva o autoritaria no es un canal ideal para la transmisión de valores. Para promover valores pro-sociales como la solidaridad, es necesario que el niño reciba una educación más democrática en un entorno afectivo y comunicativo positivos, que el niño tenga libertad para expresarse.

7- Comentar con los hijos algunas situaciones o acontecimientos que refuerzan la labor solidaria de alguna persona y lo que ella ha conseguido. Así, estarán promoviendo este valor tan importante.

8- En la escuela, se debe trabajar la empatía en los niños, es decir, el despertar de la preocupación por los demás. Que ayuden a los pequeños a llevar la mochila, que compartan material escolar a los que se haya olvidado y que se preocupen por algún compañero que esté enfermo…

9- La solidaridad es altruismo que se aprende y se afianza con la práctica y el ejercicio.

10- Se fomenta la solidaridad combatiendo gestos, actitudes y conductas egoístas, cómodas, intolerantes… en los niños.

No olvidemos nunca que, esta cualidad nos puede ayudar a construir un mundo mejor para las nuevas generaciones. Los desastres naturales son el ejemplo más claro de solidaridad que existe, cuando suceden siempre se encuentra una mano amiga que quiere ayudar. Al mismo tiempo encontramos la solidaridad en nuestros amigos cuando tenemos un problema y éstos deciden darnos una mano y apoyarnos.

Los padres, madres, abuelos, abuelas, tutores, profesores y profesoras… somos responsables de mejorar nuestras actitudes ante los menores y de esta manera, enseñarles desde el ejemplo y los consejos, a potenciar este valor que garantizará un futuro de personas solidarias y por ende, un mundo un poco mejor.

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Opinión: Qué pasa con Algesa, por María José Jiménez

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Ayer en el Pleno del Ayuntamiento de Algeciras, los concejales del PP, PSOE y Podemos rechazaron con su voto debatir sobre la creación de una comisión municipal que investigara e informara sobre los posibles delitos de prevaricación, fraude laboral y contra la propiedad industrial que se están dando por una parte del personal directivo de la empresa municipal de limpieza ALGESA. Estos delitos ya han sido denunciados ante la inspección de trabajo y la fiscalía.

La moción presentada por la concejala María José Jiménez Izquierdo en la mañana del día 20 de septiembre, cinco días antes del Pleno, como el resto de las mociones tratadas, no fue incluida en el orden del día por el Secretario General, según dijo el alcalde en el mismo Pleno. Aunque no sabemos por qué cuando estaba presentada conforme al artículo 82.3 del Reglamento de Funcionamiento de las Corporaciones Locales.

Al final tuvo que ser tratada como un asunto de urgencia al amparo de lo dispuesto en el artículo 91.4 del mencionado Reglamento y aun así fue rechazado su debate. Esta moción pedía una Comisión de investigación, información y depuración de la responsabilidad en la gestión de la Empresa municipal de Actividades de Limpieza y Gestión S.A. (ALGESA), y que sus sesiones fueran públicas, permitiendo el acceso de la ciudadanía en un afán de transparencia.

La moción hace referencia al Juicio Oral, que se iba a celebrar en los Juzgados de lo Penal de nuestra ciudad los días 13,14 y 15 de septiembre por la comisión del delito contra la propiedad industrial del artículo 274.2 del Código Penal del que fuera gerente, M.L.L., el jefe del servicio, J.J.G.V. y el jefe de taller, J.M.C.M., suspendido, y a la espera del señalamiento de nueva fecha.

¿Qué temen el PP, PSOE y PODEMOS de esta Comisión de investigación para rechazarla? ¿Qué grado de corresponsabilidad tienen en los presuntos delitos cometidos en esta empresa pública municipal por incumplimiento de la obligación de vigilar o culpa in vigilando? No olvidemos que los tres partidos tienen representantes en el Consejo de Administración de ALGESA, y que PODEMOS expulsó a María José Jiménez como consejera para poner a alguien más dócil y manejable.

María José Jiménez Izquierdo
Concejal del Ayuntamiento de Algeciras

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Opinión: Volem votar. Grandes dependientes, por Rafael Fenoy

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Quienes están por votar, si o si, el 1 de octubre, parecen enajenados del cotidiano discurrir de sus vidas. A la vista de los acontecimientos nada parece indicar que en el ánimo de las gentes, del pueblo que habita Cataluña, exista preocupación alguna fuera de esto de ir a votar. No se escucha aquello de: -ha llegado el recibo de la hipoteca y no me alcanza. O esto de: -que si debo en la tienda de comestibles la cuenta de la semana pasada y no tengo para pagarla. Tampoco este lamento: -que no puedo recoger el coche del taller porque llevo parado ni se sabe. Tampoco nadie se queja de las colas de espera para recibir atención médica, ni de las multas recaudatorias que a diestro y siniestro se aplican, ni la matrícula del “nene” o de la “nena”, que no entra en el colegio tal o cual, o de los ruidos nocturnos provocados por personal bebido y con ganas de juerga, ni tan siquiera de los muertos del atentado terrorista. La vida transcurre en el idílico vergel catalán sin sobresaltos y ¡eso sí! lo importante es votar el 1 de octubre. Porque a quienes expectantes asisten a este circo mediático se les escapa, será porque no comprende bien esto del in.dependentismo, que el día 2 de octubre todo estará arreglado, todo estará OK, y la felicidad más maravillosa se instalará en esa bendita tierra del “pa amb tomàquet”.

¿Qué se sabe realmente sobre lo que encierra el día 1 de octubre? Cierto es que sólo se habla de que unas gentes se “expresen”. Con un mensaje que asombra por su inocencia y sencillez. Y algunos responsables políticos, fuera de Cataluña, reproducen este cándido mensaje, cual si fuese verdad que eso de expresarse fuese el objetivo del 1 de octubre. El buenismo se ha instalado en las mentes de esos políticos que pregonan la necesidad de sentarse a hablar, pero que ninguno de ellos dice sobre qué. Ese al menos ha sido el mensaje de las alcaldesas Carmena y Colau, que juntas critican al PP por su falta de visión, pero en modo alguno afean la tozudez de quienes toman decisiones por encima de una ley que desprecian, aunque gracias a ella ostentan cargos públicos, cobran buenos sueldos y tienen recursos para desobedecerla. Las incoherencias son palmarias, pero eso el buenismo no acaba de enfatizarlo, y proclama que la consulta debe hacerse con garantías, sin decir cuáles y que deben utilizarse otras palabras…¿Cuáles? Los buenistas están dejándose el prestigio político en esta estéril pugna entre burgueses que en el fondo pretenden, mangoneando más a los pueblos, mojar más pan en el aceite común, para su exclusivo provecho. Porque con tanto “Volem votar” solo persiguen hacer a las gentes de Cataluña aún más grandes dependientes. ¡Que otro sentido tiene para ellos la in-dependencia!
Fdo Rafael Fenoy Rico

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Opinión: Refugiados interiores, por Rafael Fenoy

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Una ONG pone una denuncia contra el Estado español por no cubrir la cuota de acogida de refugiados que estableció la Unión Europea. Esta denuncia ante tribunales la apoyan algunas fuerzas políticas. Y parece más que razonable que se pidan cuentas a quien estando obligado por un acuerdo lo incumple. Más aún cuando de atender a personas con extrema necesidad después de meses y meses sintiéndose defraudadas.

Este asunto que clama “al cielo” exige respuesta urgente y con esto de Cataluña se antoja imposible que el gobierno español de una respuesta a una semana vista, tal es la absorción de energías de todo tipo que absorbe el in-dependentismo burgués. El 1 de octubre se antoja una fecha inaplazable frente a todas las demás aunque les vaya la vida a las gentes. Muy probablemente se solicite a Bruselas una moratoria para atender a esas miles de personas que un día albergaron la esperanza de poder vivir en paz y con dignidad. Más o menos lo que desea cualquier hijo o hija de vecino.

Acoger a seres humanos que llegan de más allá de las fronteras, en estado de extrema necesidad, es de justicia. Histórica justicia en un país de tradición religiosa sostenida en la Biblia. El deuteronomío, (10,18) uno de los 5 primeros libros, recoge este mandato: “que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido”.

Una justicia que debe ser del mismo calibre, para no abundar en discriminaciones, para quienes ya están aquí, conviven con nosotros y que tienen idéntico derecho a ser “acogidas” porque pasan calamidades y penurias, siendo en realidad refugiados interiores, sin refugio posible. Aunque no vengan de allí, o allá, ¿no tienen igual derecho al socorro? Por humanidad y por inteligencia cualquier persona con extrema necesidad debe recibir la ayuda precisa, ya que es una refugiada, sea de aquí o de allá. ¿Cuántas ONGs y partidos políticos exigirán este derecho? Nunca olvidarse de todos.

Fdo Rafael Fenoy Rico

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Opinión: Radicalismo radicales en libros de texto, por Rafael Fenoy

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Suele utilizarse la palabra radical o radicalismo con intención peyorativas, descalificadora. Así cuando se hacen determinadas propuestas que pretenden solucionar problemas de cualquier tipo, si no gozan de la “simpatía” de quien debe atenderlas se tachan simplemente de “radicales”. En un intento de asociarlas a inviables: por extremistas, por no estar centradas en el asunto, por no contemplar las distintas perspectivas…etc.

La fácil descalificación genera mayor escándalo cuando se plasma en libros de texto que contienen lecturas que están dirigidas a formar las jóvenes mentes del alumnado. Precisamente la falta de control sobre el contenido de los libros de texto genera una gran preocupación entre familias y profesorado, ya que a través de ellos, el alumnado puede recibir una información errónea en el mejor de los casos o malintencionadamente manipulada en el peor. Conviértese entonces la enseñanza en adoctrinamiento. Fenómeno peligroso en extremo porque de eso viven los integrismos de cualquier género. Sancionar con que “esto es así y punto”, sin matices, sin reflejar la existencia de posiciones, al menos divergentes, es mostrar un universo cerrado, totalitario, a la juventud que se está preparando para asumir su inaplazable responsabilidad social.

Un botón de muestra es el caso de lo publicado por una editorial conocida de libros de texto al reflejar afirmaciones más que tendenciosas sobre el feminismo, además de calificarlo de radical, como si el ir a la raíz de los problemas fuese un tipo de delito. Porque eso y nada más que eso es ser radical. Enfocar la solución de un problema analizando la raíz del mismo, las causas primigenias que lo provocan. Más que un reproche sería el mayor de los elogios tildar una propuesta de “radical” ya que no hay solución posible de un problema si no se aborda desde la raíz del mismo. Se pretenderá haber mejorado algo, pero en ocasiones, precisamente por no ser radicales, son peores los remedios que las enfermedades.

Se impone una supervisión de cada uno de los textos escolares, al objeto de que las editoriales esmeren la suya propia y no permitan la distorsión de la realidad a fuerza de inocular, posiblemente sin pretenderlo, en la mente infantil o juvenil el “pensamiento único”.

Fdo Rafael Fenoy Rico

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Opinión: ¿Cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?, por Ángel Corbalán

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Hoy, en el Evangelio, Pedro consulta a Jesús sobre un tema muy concreto que sigue albergado en el corazón de muchas personas: pregunta por el límite del perdón. La respuesta es que no existe dicho límite: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,22). Para explicar esta realidad, Jesús emplea una parábola. La pregunta del rey centra el tema de la parábola: «¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?» (Mt 18,33).

El perdón es un don, una gracia que procede del amor y la misericordia de Dios. Para Jesús, el perdón no tiene límites, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero y veraz. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir, obrar con los demás según los criterios de Dios.

El pecado grave nos aparta de Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1470). El vehículo ordinario para recibir el perdón de ese pecado grave por parte de Dios es el sacramento de la Penitencia, y el acto del penitente que la corona es la satisfacción. Las obras propias que manifiestan la satisfacción son el signo del compromiso personal —que el cristiano ha asumido ante Dios— de comenzar una existencia nueva, reparando en lo posible los daños causados al prójimo.

No puede haber perdón del pecado sin algún genero de satisfacción, cuyo fin es: 1. Evitar deslizarse a otros pecados mas graves; 2. Rechazar el pecado (pues las penas satisfactorias son como un freno y hacen al penitente mas cauto y vigilante); 3. Quitar con los actos virtuosos los malos hábitos contraídos con el mal vivir; 4. Asemejarnos a Cristo.

Como explicó santo Tomás de Aquino, el hombre es deudor con Dios por los beneficios recibidos, y por sus pecados cometidos. Por los primeros debe tributarle adoración y acción de gracias; y, por los segundos, satisfacción. El hombre de la parábola no estuvo dispuesto a realizar lo segundo, por lo tanto se hizo incapaz de recibir el perdón.

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.” El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes.” El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.” Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
Palabra del Señor

A lo largo de todo el Evangelio, Jesús nuestro Señor nos invita -y más que invitarnos, nos obliga- a perdonar. Y no sólo nos lo dice de palabra, sino que nos da su ejemplo: mientras agonizaba colgado de la cruz, nos enseña con su oración al Padre cómo nos perdona.

A los verdugos que lo torturaban y lo mataban no les reclama nada, sino que oraba así: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 34). ¿Qué mayor ejemplo podemos tener para nosotros perdonar a los que nos hacen daño? ¿Qué mayor seguridad podemos tener de que Dios nos perdona, aunque hayamos cometido el peor de los delitos, si perdonó así a sus propios asesinos?

Sin embargo, siempre nos asalta la objeción: ¡Es que no puedo perdonar! ¿Cómo hacer para perdonar? ¿Cómo perdonar, si nuestra tendencia natural nos lleva al resentimiento, al desquite, a la retaliación e inclusive a la venganza?

Para respondernos esto, debemos estar convencidos Dios nunca nos pide imposibles. Y si nos está pidiendo perdonar, es porque podemos hacerlo. Y podemos perdonar, porque El nos da las gracias para hacerlo… más aún, es El Quien perdona en nosotros.

Recordemos algunas instrucciones de Jesús sobre el perdón. Una de las más célebres es la que nos trae el Evangelio de hoy, aquélla en la que el Señor responde a Pedro cuántas veces se debe perdonar. Pedro le pregunta: “Señor, ¿hasta siete veces? (pensando, tal vez, que siete veces era mucho). Y Jesús le responde con aquella multiplicación (70 x 7), que da un resultado de 490 veces, pero que no significa esa cifra exactamente, ni tampoco 77, sino que es una expresión del Oriente Medio que equivale a decir “siempre”: “No sólo hasta siete, sino setenta veces siete” (Mt. 18, 21-35).

Por cierto esta expresión aparece ya en el Antiguo Testamento (Gn. 4, 24) en el canto del feroz Lamec, quien se jacta de vengarse de las ofensas “setenta veces siete”. Eso sí: si nos arrepentimos. Y Jesús nos cuenta una parábola para demostrarnos que El nos perdona mucho, porque muchos son nuestros pecados. Y nos demuestra también que en realidad a nosotros nos toca perdonar muy poco. La parábola es la del siervo despiadado, a quien el amo le perdonó una deuda inmensa y éste, enseguida de haber recibido la condonación de su deuda, casi mata a un deudor suyo que le debía una cantidad muy pequeña.

¿Qué sucedió, entonces? El amo, al enterarse, lo hizo apresar hasta que pagara el último centavo de la deuda que le había perdonado antes.

Y remata Jesús su parábola así: “Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

¡Tremenda amenaza! Así como perdonemos… o dejemos de perdonar, así nos perdonará Dios nuestras deudas con El.

Y esto no sólo nos lo dijo Jesús en ese momento, sino que nos lo ha puesto a repetir cada vez que rezamos el Padre Nuestro, la oración que El nos dejó para rezar al Padre Celestial. Y ¿qué decimos allí? Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden (Mt. 6, 12-14).

Por cierto, en la versión idolátrica de esta oración que Jesús nos dejó de sus propios labios, se comieron esta frase sobre el perdón. Sabrá Dios por qué…

Pero volviendo a lo del perdón. La verdad es que estamos amarrados: si perdonamos mucho, mucho se nos perdonará; si perdonamos siempre, siempre se nos perdonará. Pero si perdonamos poco, poco se nos perdonará. Y si no perdonamos… no se nos perdonará.

Cuando nos sea difícil perdonar una ofensa, perdonar a una persona en particular, ayuda mucho pedir a Dios la gracia del perdón, pensando en esa ofensa o en esa persona cada vez que rezamos esa frase en el Padre Nuestro. En el verdadero Padre Nuestro, ¡claro!

También puede ayudarnos a perdonar el meditar algunas frases que nos vienen en la Primera Lectura (Si. 27, 33-28, 9), tomada del Libro del Eclesiástico o de Sirácide: “Cosas abominables son el rencor y la cólera … El Señor se vengará del vengativo … No guardes rencor a tu prójimo … Pasa por alto las ofensas”.

Una frase del Libro del Eclesiástico de la Primera Lectura, “Perdona la ofensa a tu prójimo y, así, cuando pidas perdón, se te perdonarán tus pecados”, ¿no se parece a las instrucciones de Cristo? ¿No se parece a la frase del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”?

Fijémonos, entonces, que en el Antiguo Testamento se contienen en germen las verdades que luego aparecen en el Nuevo Testamento, predicadas por Cristo. Este germen es un verdadero anticipo del Evangelio.

Y si al pueblo hebreo antiguo ya se le pedía el perdón, ¿qué no se nos pedirá a nosotros, el nuevo pueblo de Israel, la Iglesia de Cristo, que vio a Jesús perdonar a sus verdugos mientras moría crucificado?

Jesús, entonces, perfeccionó la ley del perdón. Antes era la Ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente (Ex. 21, 22-27 y Dt. 19, 18-21). Ya esta Ley era un avance con respecto de lo anterior, pues ponía un cierto freno a la venganza excesiva de Lamec (Gn. 4, 23-24).

En efecto, La Ley del Talión, aunque nos parezca inhumana en nuestros días, era una máxima sana para ese momento, pues pretendía poner un cierto límite a la sed de venganza, además de recordar a los jueces y a la comunidad la obligación de proteger a los débiles de aquéllos que pretender abusar de ellos.

Y Dios, que conoce que su pueblo es “cabeza dura” (cf. Ex. 32, 9 y Dt. 32, 27), lo va “domando” poco a poco. Por eso en cuanto al trato con los enemigos, va progresivamente mejorando la forma de hacer justicia y de perdonar.

De allí que Jesús haga alusión a esta Ley del Talión durante el Sermón de la Montaña, que se iniciaba con las Bienaventuranzas: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pero Yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécela también la otra”. (Mt. 5, 38-39).

¿Qué significa eso de poner la otra mejilla? No significa dejarse destruir, pues Jesús mismo reclamó al ser abofeteado: “Jesús dijo: ‘Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me has golpeado así?’” (Jn. 18, 22-23).

“Poner la otra mejilla” significa devolver bien por mal: “No te dejes vencer por el mal, más bien derrota el mal con el bien” (Rom. 12, 20-21). “Poner la otra mejilla” significa lo que Jesús dice un poco más adelante en el Sermón de la Montaña: “Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores” (Mt. 5, 44).

Así que el cristiano que perdona no es un tonto, no se hace ilusiones acerca del mundo que lo rodea, tal como Jesús lo demuestra en el insólito y sumario juicio que lo llevó a su condenación a muerte, cuando reclama la injusta bofeteada.

El cristiano que perdona está sencillamente siguiendo las instrucciones de Cristo: perdonar y orar por los que nos hacen daño. El sabrá qué hacer con ellos. A nosotros no nos corresponde la venganza. La venganza le corresponde a Dios: “Hermanos: no se tomen la justicia por su cuenta, dejen que sea Dios quien castigue, como dice la Escritura: ‘Mía es la venganza, Yo daré lo que se merece, dice el Señor’” (Rom. 12, 19).

Jesús, entonces, no viene a decirnos que no hay enemigos, sino que El ha venido a vencer al verdadero Enemigo, que es el Demonio. Ese sí es nuestro verdadero Enemigo. El cristiano que verdaderamente está del lado de Jesús combate contra los verdaderos enemigos: el Demonio y todos su secuaces, es decir todos lo que persistan en estar del lado del Maligno. De allí que la lucha del cristiano sea contra los espíritus de las tinieblas (cf. Ef. 6, 10-18). Y llegará el día en que Jesús los vencerá a todos y pondrá a sus enemigos bajo sus pies (1 Cor. 15, 24-26).

Pero todos los hombres, mientras estén vivos, pueden potencialmente volverse amigos. Y esto sucede cuando ellos, libremente, aceptan las gracias que Dios siempre proporciona a todos, tanto a los buenos, como a los malos: “Porque El hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores” (Mt. 5, 45).

Y pueden nuestros enemigos volverse amigos de Dios e -inclusive- podrían volverse amigos de aquéllos a quienes han hecho daño. Porque los amigos de Dios son amigos entre sí.

Así que, para que se cumpla lo que nos dice San Pablo en la Segunda Lectura (Rm. 14, 7-9) “Ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor”, para “ser del Señor”, entre otras cosas, debemos perdonar como el Señor nos perdona a nosotros y como nos pide que nosotros perdonemos a los demás.

El Salmo 102 canta las misericordias de Dios: El Señor compasivo y misericordioso. Además nos recuerda que el Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda rencor perpetuo, ni nos trata como merecen nuestras culpas, ni paga según nuestros pecados.

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