Opinión: Reyes o Reinas Magos o Magas, por Rafael Fenoy

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Corrió el rumor de que, en la cabalgata de reyes de algún distrito madrileño, uno de los tradicionales reyes magos este año sería una reina. ¡No veas la que se lió!

–Esto es un atentado a la tradición y el orden natural de las cosas-. –Tamaño desatino no tendría sentido-. –A estas horas salir con una “reina” maga es una barbaridad-. – ¿Cómo explicarle este cambio a las niñas y a los niños?

Días después se aclaró que seguirían siendo tres reyes magos, pero uno de estos personajes sería encarnado por una mujer. En fin un lio de no te menees y a todo esto la fecha del 28 de diciembre, día comúnmente conocido como de los “inocentes” planeaba en la mente de más de una y de uno.

Las aguas vuelven a su cauce, pero esta trifurca ha llamado la atención de más de una persona que ha caído en la cuenta que en realidad en la tradición evangélica cristiana no aparecen los famosos reyes, sino que son sólo magos, por cierto presentados de manera arto fugaz y liviana. Sólo en el evangelio de Mateo (2,1-2 y 2-, del 7 al 11) aparecen referencias a estos personajes.

Concretamente habla Mateo de “unos magos vinieron del oriente a Jerusalén”, que fueron a ver a Herodes para preguntarle: – ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle-. Que Herodes les dio instrucciones para que lo avisaran: – Id allá, y preguntad con diligencia acerca del niño y, cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore-. Que siguieron la estrella hasta que se detuvo donde estaba el niño, y “se regocijaron con gran gozo”. Y que “cuando entraron en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, e incienso y mirra.”. Después le dieron esquinazo a Herodes, lo que produjo un mosqueó al monarca, que lo pagó con los inocentes de Belén (de 0 a 2 años). Pero esa es la historia de mañana día 28 de diciembre.

La cuestión esencial reside en que la real condición de los magos de oriente, no aparece en el evangelio por ningún lado y tampoco su número. Tardarían unos siglos en concretar el número de magos (que no reyes) y sus nombres: La tradición comienza, al parecer, en el S.VI, en una iglesia de la ciudad de Rávena, donde existe un friso, que curiosamente representa una procesión de vírgenes (reinas, magas…), eso sí, conducida por tres personajes masculinos (ninguno de piel negra), ataviados a la moda persa (sin coronas), y encina de sus cabezas aparecen los ya conocidos nombres de Melchor, Gaspar, Baltasar.

De otras leyendas, mucho más rocambolescas, se ha nutrido el imaginario colectivo llegando incluso a relatar la conversión (año 70), el martirio de estos magos de oriente. Y que sus reliquias desde el S XII fueron depositadas por un emperador alemán, en la Catedral de Colonia (Alemania), donde vienen siendo explotadas, turísticamente hablando, desde esa fecha. Lo de la realeza viene a consolidarse con las tres coronas áureas, depositadas como regalo, sobre el 1200, por otro emperador en esa misma catedral. ¡Qué enorme interés el convertir a los magos en reyes!

Parece que el Papa Francisco tiene interés en despojar los relatos evangélicos de tradicionales aditamentos y ya del portal de Belén han desaparecido, no hace mucho, dos figuras míticas entrañables en los tradicionales belenística: el buey y la mula. Parecería llegado el momento de restituir igualmente en esta celebración religiosa, la figura de los magos (que nunca reyes) de oriente, en sus justos términos. Mientras el mito continúe no es descabellado recrearlo como conviene a una sociedad donde la igualdad entre los géneros ya está consolidada. Por eso entre reyes y reinas ¿Qué más dará? Aparte de la vertiente laica de la cabalgata en cuestión, ninguno está en el relato evangélico.

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