Opinión: ¿Qué lejos está Finlandia?, por Rafael Fenoy

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Finlandia aparece en primer lugar en las listas de resultados obtenidos aplicando las pruebas PISA de la OCDE (Organización para la cooperación y el desarrollo). Esto ha hecho que en los medios de comunicación se hayan prodigado informes y noticias sobre las peculiaridades de la Educación finlandesa.

En el trasfondo de estas pruebas se encuentra el deseo, de quienes viven de lo que ellos mismos llaman evaluación educativa, de ganarse más que el sustento, encargándose de aplicar pruebas de “evaluación”, a diestro y siniestro. Mire donde se mire, más que las puntuaciones que alcanzan la niñez o la juventud, al aplicar pruebas, lo que importa es el proceso que se sigue en el aprendizaje de aquello que socialmente debemos considerar como relevante.

Y es aquí donde el asunto queda pendiente de evaluar, bien porque no interesa o porque se antoja algo menos simple que aplicar pruebas a grupos de alumnas y alumnos. En la LOMCE (ley que modifica la LOE) no aparece la referencia a la evaluación externa de los procesos de aprendizaje, aunque si se hace hincapié en las conocidas “revalidas”.

Medir si se sabe, o no se sabe, una cosa, parece de interés, sin embargo una vez conocida la medida, nos encontramos como estábamos, simplemente sabemos un dato más que antes, por otra parte barruntado. Interesa conocer cómo se produce el aprendizaje, no sólo si este se produce, se memoriza y ya está. Porque sin conocer las didácticas (las maneras de enseñar y de aprender) que se desarrollan en las aulas, nunca podremos mejorarlas.

Conclusión vuelta a medir y vuelta a encontrar resultados similares. Mientras tanto pagamos costosas “evaluaciones” que en nada nos informan de las actuaciones que a diario realizan tanto el profesorado como el alumnado, para poder mejorar los procesos que tienen lugar en el tiempo escolar.

Porque tampoco la variable cuantitativa tiempo explica mejores o peores resultados. Ni siquiera el tiempo en el que se inician los aprendizajes es relevante a la vista de los “rankings” que producen la aplicación de pruebas PISA de “evaluación”. Ejemplos claros: el número de horas que la niñez y juventud debe estar recluida en los centros educativos no es idéntico en todos los países.

Pongamos ejemplos de la OCDE: Hungría aparece con 6000 horas, Finlandia con 7000 y Australia con casi 11000. En España, por aquello de que en ella vivimos, según la OCDE no llegaría a las 10000 horas, sin embargo superamos el tiempo escolar de Australia. Las cuentas claras. El curso escolar es de 174 días lectivos (útiles con alumnado). En infantil a 5 horas diarias durante 3, 4 y 5 años ya suponen 2610 horas.

La Educación Primaria, 5 horas diarias durante seis cursos, acumulan un total de 5220 horas y si añadimos la secundaria obligaría, 6 horas diarias durante 4 años, tenemos 4160 horas. El total supera las 12000 horas. A pesar de esto ¿el alumnado obtiene mejores resultados?.

Pero tampoco el elemento de inicio de los aprendizajes escolares acude en nuestra ayuda para interpretar por ejemplo los buenos resultados en las pruebas PISA de Finlandia. Hasta los 7 años no inician aprendizajes en las escuelas la infancia finlandesa, el tiempo dedicado a “deberes” en casa es mínimo, en años no llevan ninguno. ¿Nadie se ha parado en pensar que tanta “escuela” puede producir “jartura” de escuela? Los déficits de atención que se observar, la apatía, desgana, e incluso aversión a asistir a clases, están íntimamente ligadas con la escasa adecuación de los procesos de aprendizaje al ritmo madurativo de cada alumna o alumno.

Por otro lado es preciso comprender que el efecto de almacenar el mayor número de niñas y niños, atendidos por el menor número de personas adultas, poco de bueno aporta a esos procesos de aprendizaje. Pero esto tiene mucho que ver con el papel de guardería que políticamente se le atribuye a las Escuelas.

El reclutamiento, contratación y la mejora de la preparación y el prestigio profesional de los docentes, es otro asunto nada pequeño que explica al menos como funciona una parte de este binomio Docente-Discente. Mientras estos asuntos no quede explícitos y se reformen en profundidad, ya pueden seguir midiendo los resultados de las pruebas PISA, o puede el Ministerio de Educación del PP obligar a realizar “reválidas”, lo sustancial no cambiará ni un milímetro y así ¿Qué difícil será acercarnos a Finlandia?

Fdo Rafael Fenoy

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