Opinión: Los ausentes, por Rafael Fenoy

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Ya la noche de las elecciones fue larga y prolija en comentarios de todo tipo. En la madrugada compitió con el salto a la reja rociero, pero siguió siendo el referente de comentarios tertulianos y noticias en medios televisivos y radiofónicos. La mañana se desperezó con victorias y derrotas electorales, nuevos protagonistas ilusionados y viejos figuras de la escena política que maltrechos todos a duras penas podían articular discursos coherentes, eso sí agradeciendo “de corazón” todos los votos recibidos y dejando, unas a las claras y otros con la boca chica, que si no son los que mandan se van a su casa.

En el Campo de Gibraltar, por poner un ejemplo, el total del censo electoral, es decir, personas con derecho a ir a votar ha sido de 199.673 de ellas han ido efectivamente a votar 101.818. Esto representa un 51%, más o menos la mitad. De esa mitad de votantes 101818, algo más de 2300 personas han votado nulo o en blanco. Es conveniente tener en consideración que no han sido pocas las personas que han manifestado interés en participar y personarse en la mesa electoral o efectuar el voto por correo, para no elegir a ninguna opción política. Concluyendo que la participación efectiva, es decir los votos a las diferentes opciones han sido 99498.

De los resultados de estos o aquellos es de lo que va el día, pero ni una palabra de los ausentes. Un montón. La llamada abstención media en el Campo de Gibraltar alcanza la cifra de nada más y nada menos que 97855 personas. Ello representa algo más del 48%. Hay quien piensa que como no han ido no hay que tenerlos en consideración y de hecho en los análisis de resultados casi nadie se acuerda de ellas. Pero es evidente que ese no querer ir a votar dice y mucho sobre la liturgia que se desarrolla en torno a las elecciones. No es posible sostener que este enorme número de personas están contra el sistema, como suelen hacer los gobiernos cuando interpreta que las gentes que no secundan una huelga general están a su favor.

Pero un sistema llamado participativo no puede asumir como normal que la mitad de todas las personas que deben hacerlo no lo hacen. Falta de interés, falta de preparación, desgana, apatía, descrédito del sistema, sentimientos de ser engañadas por promesas incumplidas una detrás de otras, certeza de que esto de las votaciones es un paripé…
Muchos ausentes como para festejar nada de nada. Mejor reflexionar, analizar y comprender cuales son las causas de tanto abstencionismo y a poner remedio (si interesa a alguien).

Rafael Fenoy Rico

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