Archive for Ángel Corbalán

Opinión: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás?» (Evangelio Dominical) por Ángel Corbalán

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Hoy, el Evangelio nos invita a comparar dos enemigos irreconciliables: Jesús y el espíritu del mal. El Evangelio afirma: «Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: ‘Está poseído por Beelzebul’» (Mc 3,22). Este versículo nos ayuda a comprender la inquietud de los miembros de la familia de Jesús, que fueron para llevárselo a casa. En efecto, tal como podemos observar, Jesús no es acusado porque ha roto la Ley, o las costumbres judías, o el Sábado. Ni tampoco se le denuncia por blasfemar. ¡Él es acusado de estar poseído por el príncipe de los demonios! Tengamos en cuenta que ésta es una de las primeras acusaciones dirigidas hacia Jesús, antes de que le acusaran por quebrantar la Ley Judía.

Pero el hecho interesante es la respuesta que Jesús les dio: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir (…). Nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte» (Mc 3,23-24.27). Esto muestra que Jesús rechaza completamente la idea de que Él está actuando para Satanás. Por este motivo, Él empieza a exponer la parábola de la casa del hombre fuerte. De una u otra manera, esta parábola parece apuntar directamente a la misión de Jesús. Y esta misión muestra el Reino de Dios “atando” al hombre fuerte, Satanás, a través de la salvación realizada por Jesús.

En efecto, la expulsión de los espíritus malignos nos demuestra que Él es más fuerte que Satanás. El Papa Francisco, en una audiencia general, afirmó: «En nuestro entorno, basta con abrir un periódico y vemos que la presencia del mal existe, que el Diablo actúa. Pero quisiera decir en voz alta: ¡Dios es más fuerte! Vosotros, ¿creéis esto: que Dios es más fuerte?».

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

[Mc 3, 20-35]

EN aquel tiempo, Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:

«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».

El los invitó a acercarse y les hablaba en parábolas:

«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dice:

«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».

Él les pregunta:

«Quiénes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:

«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor.

COMENTARIO.

La Primera Lectura (Gen 3, 9-15), nos habla de las consecuencias de caer en la tentación.

Nadie está libre de tentaciones. ¡Ni Jesucristo! Cuando Jesús fue tentado en el desierto, El despachó de inmediato al Demonio. Así deberíamos actuar nosotros. No como Adán y Eva en el Paraíso Terrenal. De inmediato hay que despachar al Demonio orando, porque la oración impide que el demonio tome más fuerza y termina por despacharlo.

Ahora bien, enseguida del pecado original, vemos a Dios buscando a Adán: “¿Dónde estás?” Adán le responde: “Tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí”. El replicó: “¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que Yo te prohibí?”.

¿Qué significa estar desnudo? Es la desnudez de la falta de la gracia divina. Se les cayó a Adán y a Eva el ropaje maravilloso, esplendoroso de la gracia divina. Se pusieron en contra de Dios y perdieron el ropaje divino de la gracia. Y ahora tienen miedo, se esconden, porque se sienten descubiertos y desnudos.

Igual estamos nosotros al pecar, desprovistos del ropaje de la gracia. Por eso no es recomendable permanecer desnudos, desprovistos de la gracia divina. Cuanto más pronto la recuperemos, mejor es. ¿Cómo? Arrepentimiento y Confesión.

Y a la pregunta de Dios de si había comido del árbol prohibido, la respuesta de Adán es de totalmente irresponsable: “La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él”.

Y Eva dio una respuesta igual: “La serpiente me sedujo y comí”.

Ninguno de los dos asume su responsabilidad: Adán, que tenía a cargo proteger el Jardín del Edén (del demonio, suponemos) culpa a Eva. Y ella culpa a la serpiente.

Y nosotros ¿cómo asumimos nuestras culpas? ¿Nos confesamos acusando al que nos hizo estallar de rabia o al marido o la esposa que dijo tal cosa? ¿O tomamos responsabilidad por nuestro pecado como nos corresponde?

¿Qué sucedió después de que Adán y Eva cometieron el primer pecado, el llamado Pecado Original? ¿Qué hizo Dios?

Dios no deja a Adán y Eva a merced del demonio, sino que hace la gran promesa de restauración de la gracia que han perdido.

Debemos darnos cuenta que al hacer lo que el Demonio les había propuesto, Adán y Eva habían caído en las redes del Maligno. Pero Dios no los abandonó, sino que les prometió un Redentor, un Salvador, alguien que vendría para rescatar a todos los seres humanos.

Esa promesa se llama el“Proto-evangelio” (el primer Evangelio), porque es el anuncio de Jesucristo, el Redentor del mundo. Y esa promesa está en el primer libro de la Biblia. O sea que, desde el comienzo, Dios nos anuncia a Jesucristo, que vendrá a salvarnos de las redes del Demonio.

Entonces Dios le dijo a la serpiente …: “Pondré enemistad entre ti y la Mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te aplastará la cabeza, mientras tú sólo arañarás su talón.” (Gn. 3, 15)
Vamos a ver con detalle el significado del Proto-evangelio.

¿Quién es la Mujer? La Santísima Virgen María. “Ella te aplastará la cabeza”.

¿Cuál es la descendencia de la Mujer? Jesús. Jesucristo el Redentor del mundo.

¿Quién aplastará la cabeza de la serpiente? Jesucristo.

Por eso hay imágenes de la Virgen aplastando la serpiente, es decir, aplastando al Demonio, porque su Hijo vencerá al Demonio.

¿Quién es el talón herido, arañado? El género humano que quedó herido por el pecado original. El Demonio puede tentarnos, pero no vencernos, porque Jesucristo nos salva del Demonio. Si amamos a Dios y seguimos su voluntad, el Demonio sólo puede arañarnos, tentarnos, pero no vencernos definitivamente, a menos que caigamos en sus redes, distrayéndonos en alguna tentación que proponga, cayendo en pecado y adicionalmente nos resistamos a arrepentirnos.

Y ¿cuál será la descendencia de la serpiente? Son los seres humanos que siguen al Demonio y que no siguen a Dios. Aquéllos que quieren vivir en pecado, al lado y del lado del Demonio.

¿Recuerdan en la película La Pasión de Mel Gibson al demonio cargando a un bebé feísimo? El cineasta quiso presentar así la descendencia del demonio: ésta de que habla el Proto-Evangelio. Y el pecador es mucho más feo que ese bebé y el Demonio mucho más feo que ese demonio de la película.

El Evangelio de hoy nos trae tres temas importantes:

1. Guerra entre demonios:

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “Está poseído por Belcebú y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”. Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.

Muy pertinente esta advertencia para los que van a brujos, psíquicos, santeros, metafísicos, espiritistas, etc. para aliviar los males provenientes del demonio y de las fuerzas del mal o para lograr algún fin que deseen. “¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir.”, advirtió Jesús entonces y advierte hoy a todo el que busca ayuda para cosas buenas o malas (es igualmente malo) de parte de cualquiera de esos “especialistas” del mundo de las tinieblas.

2. El pecado contra el Espíritu Santo:

¿Algún pecado no se perdona? No hay ningún pecado que Dios y la Iglesia no puedan perdonar. Entonces ¿qué significan estas palabras de Jesús?

«En verdad les digo: se les perdonará todo a los hombres, ya sean pecados o blasfemias contra Dios, por muchos que sean. En cambio, el que calumnie al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, pues se queda con un pecado que nunca lo dejará.» (Mc 3, 20-35)

Según esto, como que sí hay un pecado que no se perdona: es el pecado contra el Espíritu Santo. ¿En qué consiste, entonces, este pecado? Consiste en que la persona no se arrepiente, porque no se deja influir por el Espíritu Santo. Y no se perdona, porque sin arrepentimiento no puede haber perdón.

Por eso es que la Iglesia dice que esas palabras de Jesús se refieren a los pecadores que no quieren arrepentirse. Porque ¿cómo puede Dios perdonar a quien no pide perdón? Es que no se dejan perdonar, porque Dios siempre nos perdona … si nos arrepentimos y cumplimos las condiciones que El puso para perdonarnos.

En realidad, el pecado contra el Espíritu Santo es el rechazo a Dios y al arrepentimiento inclusive hasta el momento de la muerte.

Entonces, el arrepentimiento o contrición es indispensable para recibir el perdón de Dios. Y hay dos maneras de arrepentirnos:

Existe la “contrición imperfecta” o “atrición”, por la cual nos arrepentimos debido al temor a la condenación eterna o al rechazo del mismo pecado. Este arrepentimiento imperfecto es suficiente para obtener el perdón de pecados mortales o veniales en el Sacramento de la Confesión.

Pero mejor aún es la “contrición perfecta”, que consiste en optar por Dios y rechazar el pecado, porque preferimos a Dios más que a cualquier otra cosa, especialmente aquello que nos da el pecado. Con este arrepentimiento se nos perdonan las faltas veniales y hasta los pecados mortales. Eso sí: siempre y cuando tengamos la firme resolución de confesar los pecados graves en el Sacramento de la Confesión enseguida que nos sea posible.

¿Y qué decir del suicidio, por ejemplo? ¿Se perdona? El Catecismo de la Iglesia dice esto: “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado, por caminos que El solo conoce, la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida”. (CIC #2283)

Ahora están muy de moda el llamado “suicidio asistido” y la eutanasia, ni hablar del aborto, que es ya casi costumbre.

Por eso hay que reafirmar que sólo Dios es dueño de cada vida humana. No podemos disponer de nuestra vida ni de la de los demás según nuestros deseos y criterios. El mandamiento “No matar” se aplica a la muerte a uno mismo y a la muerte a los demás, incluyendo a los bebés que están aún en el vientre de su madre y desde el primer instante de su concepción, por lo que el aborto, en cualquier momento del embarazo también es un pecado grave.

Otro pecado contra la vida es la eutanasia o asesinato misericordioso, que consiste en acabar con la vida de un enfermo terminal. Ni el enfermo, ni los médicos, nadie, tiene derecho para decidir el momento de la muerte, por lo que el llamado “suicidio asistido” también es un pecado que comete el suicida y todo el que colabora en suspender una vida humana.

Ahora bien, por más graves que sean estos y otros pecados, todos tienen perdón de Dios si se cumple con el debido arrepentimiento y, para los católicos, con la Confesión.

3. Quiénes siguen la Voluntad de Dios:

Vuelto a casa, se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto loco.»

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios”.

Sus parientes creen que Jesús está medio loco y los Escribas que está poseído del Demonio. Entonces Jesús corrige a los Maestros de la Ley que lo acusaban de sacar los espíritus malignos con la ayuda de Belzebú, jefe de los demonios.

Y luego se cambia la escena de nuevo: aparece la Santísima Virgen María a la puerta de la casa donde estaba Jesús, buscándolo junto con los parientes. Y sucede algo inesperado:

«Tu Madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y preguntan por ti. Él les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos» Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre.»

Debe haber sido un momento impactante para los Apóstoles, porque lo refiere el Evangelista San Marcos, secretario de San Pedro, y también San Mateo Apóstol y Evangelista. También Lucas, aunque éste no debe haber estado presente en este incidente.

Esta respuesta no significa desprecio de Jesús por su Madre. Por el contrario: nos la pone como ejemplo de aquélla que de veras cumplió como nadie la Voluntad del Padre. Nos indica también que Dios establece una relación más profunda, la cual va más allá de los lazos de sangre, pues se basa en los vínculos de la gracia divina.

Este pasaje impactante también debe impactarnos a nosotros, porque la “familia” termina siendo quien hace la Voluntad de Dios. Son todos los que siguen a Cristo en su entrega a la Voluntad del Padre. Puede ser que en esa “familia” estén incluidos algunos o todos los miembros de mi familia. Pueda ser que por un tiempo no estén mis familiares y luego más tarde sí. Lo importante es saber -porque así nos lo dice Cristo- que la familia de Dios, su “familia”, está formada por aquéllos que hacen su Voluntad.

En la Segunda Lectura (Cor 4,13-18.5,1)San Pablo nos recuerda que nuestra meta no está aquí en la tierra, sino allá en el Cielo y de que los sufrimientos son pasajeros y nos preparan para la vida eterna. Y usa una comparación muy bella sobre nuestra vida en la tierra como vivir en una tienda de campaña (él era fabricantes de éstas), pero que en el Cielo tendremos una casa permanente que Dios nos ha fabricado.

Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una gloria eterna, que supera toda medida. Porque no tenemos puesta la mirada en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña -nuestra morada terrenal- es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios.

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Alumnado de 6º de primaria ,del colegio Ntra, Sra, de Los Milagros aprenden prevención ante el bullying y ciberbullying

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portada Ntra Señora Los Milagros1

Esta pasada semana, grupos de alumnado de 6º de Primaria del Colegio de Ntra. Sra. De los Milagros, de la barriada algecireña del Rinconcillo, asistieron a las actividades que imparte Mayor-Net, dentro del programa STOP BULLYING Y CIBERBULLYING.

Esta asociación de voluntariado andaluz,lleva a través de las Ofertas Educativas, en este caso, la de la Delegación Educación de Algeciras, enseñan a los escolares a conocer los inicios o señales del Acoso Escolar y en la red, para aprender a prevenirlos.

El enemigo número uno de la víctima de acoso es el silencio. Pero si el niño aprende a expresar sus emociones y a comunicárselas a un adulto o a una persona de su confianza, habremos ganado en parte la batalla.

Por eso, a través de ejemplos, vídeos y pequeños teatrillos, se les indica cómo actuar para que esos primeros hábitos, a través de docentes y familias se corrijan.

También la repercusión que tiene sobre el resto estas acciones que les victimiza. Y por supuesto que, el dispositivo móvil no es un juguete y cómo han de privatizar las cuentas en diferentes redes o aplicaciones que utilizan.

Informarles que, comunicarse más con familias y tutores, se consigue que estas lacras les afecten menos. Protegiéndose mejor.

Todas estas actividades se realizan con un objetivo que definimos en dos:

a) La protección del menor ante el Acoso Escolar y en red.

b) Un centro escolar ha de ser un espacio de convivencia, respeto, formación y de Paz. La escuela ha de ser ese lugar donde se cree una conciencia de respeto al otro como individuo y para esto es preciso respetar la escuela como estamento social.

Agradecemos las atenciones de la Jefa de Estudios de Infantil y Primaria, doña María José Ucea González. Con su ayuda y forma de coordinar los grupos de alumnado, todo fue mucho mejor para optimizar el tiempo y explicar los temas a los escolares.

El problema es social. Todas las partes han de comprometerse y en el mismo objetivo, diferentes obligaciones y responsabilidades… pero, hay que acabar con esa lacra que muchos menores sufren o van a sufrir en edad escolar.

Prevenir y no lamentar.

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Mas de 130 escolares de 6º primaria aprenden a prevenir el bullying en el CEIP Puerta del Mar

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puerta del mar portada7

Un años más, este centro escolar algecireño se convierte en un referente del sistema público que se interesa y hace cosas para cada vez más, prevenir el Acoso Escolar y el Acoso en la red. Todo dentro del la Oferta Educativa de la Delegación de Educación que dirige, doña Laura Ruiz.

Todas las medidas son pocas. Lo estamos comprobando gracias al programa “Stop Bullying y Ciberbullying”, que nos apoya en gran parte, la Obra Social La Caixa y que trata de detectar en sus primeros brotes, el Acoso Escolar y en red. De esta manera, podremos corregir hábitos y conseguir minimizar los daños de esa lacra que victimiza nuestros menores escolarizados.

Es una suerte, poder contar con doña María José Ojeda Campuzano, como Jefa de Estudios del C.E.I.P. Puerta del Mar y destacada en el curso pasado con el premio “Stop Bullying y Ciberbullying 2017” que se celebró a nivel provincial en San Roque.

No podemos olvidar el gran interés mostrado por la AMPA de este centro escolar, muy cooperativo y que es una de esas AMPAs que destacan en el apoyo a docentes y escolares.

El Pasado año, valga la referencia, sólo accedieron a estas actividades específicas para ellas, 4 AMPAS de 70 centros escolares.

A veces, eso pensamos, padres y madres, deberían ser parte de la solución del problema.

En cuanto a las actividades, son con datos nuevos y nuevas técnicas para que el alumnado comprenda los peligros desde el inicio. Que nadie nace agresor o víctima, sino que, se adquieren hábitos erróneos por el entorno o costumbre. Y estos, en clase se corrigen.

También, aprenden a protegerse en los dispositivos móviles y lo más esencial… la violencia no se combate con violencia… y que lo importante es apoyar y animar a la víctima. Para que, el centro escolar, no sea un lugar de conflictos… más bien, un centro de tolerancia, respeto y Paz.

Ahora, en unos días, serán padres y madres, quienes recibirán información, consejos y algunas tutoriales para que sean ellos y ellas quienes tutelen en las Nuevas Tecnologías sus hijos e hijas.

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Opinión: El Fuego del Pentecostés (Evangelio Dominical) por Ángel Corbalán

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Siete semanas después de la Resurrección, el quincuagésimo día, «los discípulos estaban todos reunidos con las mujeres y María la Madre de Jesús, de repente vino del cielo un ruido como una impetuosa ráfaga de viento» (Hch 1:14; 2:1-2)

El Espíritu descendió entonces sobre ese grupo de ciento veinte personas y se apareció bajo la forma de lenguas de fuego, porque iba a darles la palabra a sus bocas, la luz a su inteligencia y el ardor a su amor. Todos quedaron llenos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas según el Espíritu les concedía expresarse. Les enseño toda la verdad, los encendió del perfecto amor y los confirmó en toda virtud. Es así que, ayudados de su gracia, iluminados por su doctrina y fortificados por su poder, aunque poco numerosos y sencillos, «plantaron la Iglesia con el precio de su sangre» [Brev.Rom] en el mundo entero, tanto por el fuego sus discursos como por su perfecta ejemplaridad y sus prodigiosos milagros.

Esta Iglesia purificada, iluminada y llevada a la perfección por la virtud de ese mismo Espíritu, se dio a amar por su esposo, tanto que pareció bella, admirable por sus distintos ornamentos, pero al contrario terrible como un ejército listo para la batalla contra Satanás y contra sus ángeles.

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor

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Opinión: El Instituto Mar del Sur , concienciados contra el bullying por Ángel Corbalán

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Mar del Sur Portada1

Hace algunos días y dentro de la Oferta Educativa de la Delegación de Educación que dirige, doña Belén Jiménez, en el municipio de San Roque, se han llevado diferentes actividades que con el título de “Stop Bullying y Ciberbullying”, Mayor-Net, ha impartido en el I.E.S. Mar del Sur sanroqueño de Taraguilla.

Estas actividades, pasan de ser “talleres” de entretenimiento a charlas de información y formación (mayor interés), gracias a la implicación de directores y directoras de centro como doña María José y jefes de estudios como don Pedro González, que muestran sus vocaciones por esa gran labor que es la de docentes. Conocen sus responsabilidades para con el centro educativo y el alumnado de hoy y que serán los hombres y mujeres del futuro.

Para Mayor-Net, este centro de estudios público, es un referente en la prevención del Acoso Escolar y Acoso en la red, ya que se puede notar, en sus instalaciones y escuchando al alumnado y docentes, que su prioridad es la de conseguir que, un centro como el del I.E.S. Mar del Sur, sea un espacio de respeto, convivencia, igualdad y de Paz.

Es una satisfacción haber participado con estas charlas en la prevención de estas lacras que victimizan a nuestros menores y encontrarnos un trabajo muy avanzado en ello.

Animamos sigan en este camino.

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Opinión: Perseverancia, esa constante del voluntariado de Mayor-Net por Ángel Corbalán

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Comienzan cursos La Linea1

Decía San Agustín, interesante tenerlo en algún libro de mesita de noche, entre otras cosas que; “Errar es humano, perseverar en el error es diabólico”.

Pues de eso voy a reflexionar, de la perseverancia y no la diabólica, nos libre Dios.

La perseverancia aparece en los peores momentos, justo cuando todo parece desmoronarse frente a nuestros ojos; su recompensa, por otro lado, es directamente proporcional a la angustia y la desolación que sentimos antes de adoptarla como actitud para nuestras batallas.

Podría citar en estos últimos 7 años, miles de ejemplos… uno podría ser, cuando te consideras útil y que formas parte de un grupo que a su vez, trabaja para el bienestar de otras personas y dentro del voluntariado real… no confundir con el “voluntariado al uso”.

La diferencia entre un voluntariado real y el otro… es que en el primero, haces cosas para cambiar las cosas a pesar de no percibir ayuda de las miles que se publican en los Bojas, edictos, etc.

Por lo tanto, mientras estás en la trinchera o en el “campo de batalla”. Seré menos belicoso, en los centros de mayores, asociaciones, centros escolares… durante esos 9 meses, nunca estás sintonizando la frecuencia de las alegrías de donaciones o subvenciones.

El otro voluntariado, dispone de todo el tiempo del mundo y algunas décadas de experiencia para centrarse en el éxito de la subvención. Y lo consiguen, son unos cracks. Lástima que nadie les pregunte si cumplen o no… objetivos.

En nuestro caso, Mayor-Net, prima los objetivos… en 7 años, no hemos tenido éxito en las subvenciones… y no pretendíamos perseverar en ello… por lo diabólico. O ayudas a la gente o te centras a coger subvenciones…

Es esencial tener claro que no se puede alcanzar el éxito si se transita indefinidamente un camino que nos haya conducido al fracaso. En otras palabras, perseverar no consiste en intentar lo mismo una y otra vez, sino en mejorar los métodos, en probar cosas diferentes, sin miedo a tener que comenzar nuevamente. Eso sí, nunca olvidar el objetivo que nos trajo como voluntarios a esto que inventamos.

Caemos en la frustración, al sentirnos menos respetados. Pero, observamos lo que conseguimos… y nos levantamos. Es lo nuestro… es la diferencia entre el valor de un trabajo de voluntariado y el precio de otras personas.

Varias personas dicen que quieren alcanzar el éxito, pero una vez que comienzan las primeras dificultades, se desmotivan por completo y renuncian a esos proyectos que supuestamente eran sus sueños.

Otra gran ventaja de la perseverancia, es que cada nueva acción orientada a una meta es una oportunidad de decirte a ti mismo “deseo esto de todo corazón”. Y entre más actividades realices, finalmente te convencerás de tus proyectos, tendrás esa fe necesaria para triunfar.

Y aún en los peores momentos, cuando en los bolsillos no hay euros y la pensión no da para “milagros”, lees realidad, no ficción, lees el “cuaderno de bitácora real de lo cotidiano”… y dices a tus compañer@s… “Neniñ@s, esto lo hemos hecho nosotr@s” … a pulmón y a través de fe en nuestras posibilidades, en nuestra labor y por nuestra constancia…

(Valores intergeneracionales a través del voluntariado de Mayor-Net)
Besos y abrazos, compañeros, compañeras, alumnado, personas que creen en esta labor y también, a quienes nos permiten llevar a cabo esta bendita locura…

Dios proveerá…

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Opinión: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Evangelio Dominical)por Ángel Corbalán

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Hoy, la liturgia nos ofrece un aroma anticipado de la alegría pascual. Los ornamentos del celebrante son rosados. Es el domingo “laetare” que nos invita a una serena alegría. «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis…», canta la antífona de entrada.

Dios quiere que estemos contentos. La psicología más elemental nos dice que una persona que no vive contenta acaba enferma, de cuerpo y de espíritu. Ahora bien, nuestra alegría ha de estar bien fundamentada, ha de ser la expresión de la serenidad de vivir una vida con sentido pleno. De otro modo, la alegría degeneraría en superficialidad y majadería. Santa Teresa distinguía con acierto entre la “santa alegría” y la “loca alegría”. Esta última es sólo exterior, dura poco y deja un regusto amargo.

Vivimos tiempos difíciles para la vida de fe. Pero también son tiempos apasionantes. Experimentamos, en cierta manera, el exilio babilónico que canta el salmo. Sí, también nosotros podemos vivir una experiencia de exilio «llorando la nostalgia de Sión» (Sal 136,1). Las dificultades exteriores y, sobre todo, el pecado nos pueden llevar cerca de los ríos de Babilonia. A pesar de todo, hay motivos de esperanza, y Dios nos continúa diciendo: «Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti» (Sal 136,6).

Podemos vivir siempre contentos porque Dios nos ama locamente, tanto que nos «dio a su Hijo único» (Jn 3,16). Pronto acompañaremos a este Hijo único en su camino de muerte y resurrección. Contemplaremos el amor de Aquel que tanto ama que se ha entregado por nosotros, por ti y por mí. Y nos llenaremos de amor y miraremos a Aquel que han traspasado (Jn 19,37), y crecerá en nosotros una alegría que nadie nos podrá quitar.

La verdadera alegría que ilumina nuestra vida no proviene de nuestro esfuerzo. San Pablo nos lo recuerda: no viene de vosotros, es un don de Dios, somos obra suya (Col 1,11). Dejémonos amar por Dios y amémosle, y la alegría será grande en la próxima Pascua y en la vida. Y no olvidemos dejarnos acariciar y regenerar por Dios con una buena confesión antes de Pascua.

Lectura del santo evangelio según san Juan (3,14-21):

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

Palabra del Señor

COMENTARIO

La Segunda Lectura y el Evangelio de hoy nos hablan de salvación y condenación, de fe y obras.

“El que cree en El, no será condenado. Pero el que no cree, ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios” (Jn. 3, 14-21).

Duras y decisivas palabras. Palabra de Dios escrita por “el discípulo amado”, el Evangelista San Juan. Palabras que sentencian la importancia de la fe: el que no cree en Jesucristo, Hijo de Dios hecho Hombre … ya está condenado. Pero cabe, entonces la pregunta: ¿el que sí cree … ya está salvado? ¿Basta la fe para que seamos salvados?

Esta pregunta necesariamente nos recuerda las diferencias -hasta hace poco infranqueables- entre Católicos y Protestantes. Sólo la fe basta, se adujo en la Reforma que llevó a cabo la lamentable división iniciada por Lutero en 1517.

Fundamentándose en la Sagrada Escritura, la Iglesia Católica siempre ha sostenido que la fe sin obras no basta para la salvación. Traducido a la práctica significa que en el Bautismo recibimos como regalo de Dios la virtud de la Fe y la Gracia Santificante. Y las “obras” consisten en cómo respondemos a ese don de Dios: con buenas obras, con malas obras o sin obras.

Para analizar, entonces, si la fe basta para la salvación y si las obras son necesarias, tenemos que referirnos a un documento, titulado “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación”, firmado en 1999 entre la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana, en que se trata precisamente este tema tan importante. De ese histórico documento extraemos las siguientes citas (resaltados nuestros):

Sólo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito, nosotros somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones capacitándonos y llamándonos a buenas obras. (#15)

“… en cuanto a pecadores nuestra nueva vida obedece únicamente al perdón y misericordia renovadora, que Dios imparte como un don y nosotros recibimos en la fe y nunca por mérito propio, cualquiera que éste sea”. (#17)

“El ser humano depende enteramente de la gracia redentora de Dios … (el ser humano), por ser pecador es incapaz de merecer su justificación ante Dios o de acceder a la salvación por sus propios medios”. (#19

“Cuando los católicos afirman que el ser humano “coopera” (en su salvación) … consideran que esa aceptación personal es en sí un fruto de la gracia y no una acción que dimana de la innata capacidad humana”. (#20)

Es conclusión: no somos capaces, por nosotros mismos, de justificarnos, es decir, de santificarnos o de salvarnos. Nuestra salvación depende primeramente de Dios. Pero el ser humano tiene su participación, la cual consiste en dar respuesta a todas las gracias que Dios nos ha dado y que sigue dándonos constantemente para ser salvados. Eso es lo que la Teología Católica llama “obras”. Nuestra imposibilidad de acceder por nosotros mismos a la salvación es tal, que hasta la capacidad para dar esa respuesta a la gracia divina, no viene de nosotros, sino de Dios

De allí que también San Pablo nos diga: “La misericordia y el amor de Dios son muy grandes; porque nosotros estábamos muertos por nuestros pecados, y El nos dio la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad suya hemos sido salvados … En efecto, ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe; y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios” (Ef. 2, 4-10).

La Primera Lectura nos trae el final del Segundo Libro de las Crónicas (2 Cro. 36, 14-23), y en ella se nos relata cómo se pervirtió el pueblo de Israel, pues todos, incluyendo los Sumos Sacerdotes “multiplicaron sus infidelidades”. Como si fuera poco, despreciaron la palabra que los Profetas, mensajeros de Dios, les llevaban. Llegó un momento, nos dice el relato, que “la ira de Dios llegó a tal grado, ya no hubo remedio”. La ciudad de Jerusalén con su Templo queda destruida por la invasión de los Caldeos, y “a los que escaparon de la espada, los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos”. El reino pasó al dominio de los Persas, cumpliéndose lo anunciado por uno de esos Profetas despreciados, Jeremías. Luego se nos relata el regreso del pueblo de Israel de Babilonia a Jerusalén en los tiempos de Ciro, Rey de Persia.

Y esto necesariamente nos trae un tema candente: ¿Castiga Dios?

Cabe, entonces, preguntar: ¿qué es el castigo? ¿para qué son los castigos? Cuando un padre o una madre castigan a su hijo ¿por qué lo hacen? ¿por venganza, acaso? O el castigo es la forma de corregir al hijo, para que se encamine por el bien. Es muy importante reflexionar sobre esto, para comprender que “la ira de Dios” y “los castigos de Dios” de que nos hablan la Escritura, especialmente el Antiguo Testamento, son más bien manifestaciones de la misericordia divina. Dios -efectivamente- castiga, pero castiga para que los seres humanos aprendamos a enrumbarnos por el camino adecuado, por el camino que nos lleva a Dios.

Es lo que le sucedió al pueblo de Israel con ese exilio de 70 años a Babilonia. Al regresar venían reformados, purificados. Cuando Dios permite un “aparente” mal –en este caso, la expulsión, el exilio y hasta la destrucción del Templo de Jerusalén- es para obtener un mayor bien.

Las infidelidades de los seres humanos para con Dios, nuestro Creador y nuestro Dueño, pueden llegar a niveles en que, como nos dice esta Primera Lectura, ya no haya otro remedio. Por eso Dios a veces castiga. Y castiga para que enderecemos el rumbo, para que volvamos nuestra mirada a El.

“Si mi pueblo -sobre el cual es invocado mi Nombre-
se humilla:
orando y buscando mi rostro,
y se vuelven de sus malos caminos,
Yo -entonces- los oiré desde los cielos,
perdonaré sus pecados
y sanaré su tierra.”
(2 Crónicas 7, 14)

Es orando y convirtiéndonos como Dios nos oirá, perdonará nuestros pecados y sanará nuestra tierra.

Antes de que nos llegue el final a cada uno con la muerte o antes de que llegue el final de los tiempos, Dios nos advierte por medio de su Palabra, por medio de las enseñanzas de la Iglesia, por medio de su Madre que se aparece en la tierra para advertirnos, para guiarnos, para llamarnos a la conversión.

Inclusive nos llama y nos advierte por medio de sus mensajeros, los profetas. Y … ¿hacemos caso a todas estos llamados?

Llegará un momento, el momento del fin, que nos llegará con toda seguridad, bien con nuestra propia muerte o bien porque se termine el tiempo y pasemos a la eternidad. En cualquiera de las dos instancias, en ese momento ya no hay sino salvación o condenación.

El Evangelio nos dice cuál es la causa de la condenación: “La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz”.

Cristo es la Luz que vino a este mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo.

¿En qué consiste preferir la luz a las tinieblas? ¿En qué consiste aprovechar la salvación que Jesucristo nos trajo?

Consiste en creer en El, seguirlo a El, tratar de ser como El y de actuar como El.

De esa forma estamos prefiriendo la Luz a las tinieblas. De esa forma, estamos aprovechando las gracias de salvación, que “sin ningún mérito nuestro”, nos han sido “regaladas” por Dios, a través de su Hijo, Jesucristo.

Y Dios nos regala así, porque a pesar de nuestras infidelidades, a pesar de las veces que nos oponemos a El, de las veces que lo retamos, de las veces que lo cuestionamos, de las veces que le damos la espalda, El nos quiere salvados para que vivamos con El para siempre en la gloria del Cielo.

Entonces, a la gracia de la salvación realizada por Jesucristo respondemos con nuestras “obras”: oración, santidad, buenas acciones, obras de misericordia… Pero recordando que nuestra respuesta en obras es también don de Dios, porque el deseo y la posibilidad de realizarlas también vienen de Dios, para que nadie se equivoque (y de paso peque) creyendo que es muy capaz de salvarse y de ser santo con su esfuerzo.

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Opinión: Si quieres, puedes limpiarme, por Ángel Corbalán

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Hoy, el Evangelio nos invita a contemplar la fe de este leproso. Sabemos que, en tiempos de Jesús, los leprosos estaban marginados socialmente y considerados impuros. La curación del leproso es, anticipadamente, una visión de la salvación propuesta por Jesús a todos, y una llamada a abrirle nuestro corazón para que Él lo transforme.

La sucesión de los hechos es clara. Primero, el leproso pide la curación y profesa su fe: «Si quieres, puedes limpiarme» (Mc 1,40). En segundo lugar, Jesús -que literalmente se rinde ante nuestra fe- lo cura («Quiero, queda limpio»), y le pide seguir lo que la ley prescribe, a la vez que le pide silencio. Pero, finalmente, el leproso se siente impulsado a «pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia» (Mc 1,45). En cierta manera desobedece a la última indicación de Jesús, pero el encuentro con el Salvador le provoca un sentimiento que la boca no puede callar.
Nuestra vida se parece a la del leproso. A veces vivimos, por el pecado, separados de Dios y de la comunidad. Pero este Evangelio nos anima ofreciéndonos un modelo: profesar nuestra fe íntegra en Jesús, abrirle totalmente nuestro corazón, y una vez curados por el Espíritu, ir a todas partes a proclamar que nos hemos encontrado con el Señor. Éste es el efecto del sacramento de la Reconciliación, el sacramento de la alegría.

Como bien afirma san Anselmo: «El alma debe olvidarse de ella misma y permanecer totalmente en Jesucristo, que ha muerto para hacernos morir al pecado, y ha resucitado para hacernos resucitar para las obras de justicia». Jesús quiere que recorramos el camino con Él, quiere curarnos. ¿Cómo respondemos? Hemos de ir a encontrarlo con la humildad del leproso y dejar que Él nos ayude a rechazar el pecado para vivir su Justicia.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor
La lepra es una enfermedad que persiste hoy en día, no ha sido totalmente extinguida, a pesar de existir vacuna y tratamiento para este mal. Sin contar los enfermos pre-existentes, sólo en 2016 se registraron en el mundo 27.357 casos nuevos, según la OMS.

Sin embargo, mientras la lepra del cuerpo es tan repugnante y tan temida, la del alma ni se ve. Casi nadie la nota… a veces, ni el mismo enfermo se da cuenta.

Según la Ley de Moisés, la lepra era una impureza contagiosa, por lo que el leproso era aislado del resto de la gente hasta que pudiera curarse. En la Primera Lectura vemos que la Ley daba una serie de normas para el comportamiento del leproso, de manera de evitar contagiar a los demás. Se prescribía que debía ir vestido de cierta manera y debía ir anunciando a su paso: “Estoy contaminado! ¡Soy impuro!” (Lv. 13, 1-2.44-46).

Se creía también que la lepra era causada por el pecado. Por todo esto, la gente huía de los leprosos. Menos Jesús. De hecho, realizó unas cuantas curaciones de leprosos.

Una de éstas fue la de un leproso que se le acerca y, de rodillas, le suplica: “Si tú quieres, puedes curarme” . “Querer es poder”, pensó este hombre. Pero con su postura y sus palabras mostraba, primero humildad y luego, total confianza en lo que el Señor decidiera. Por esta actitud, Jesús, que sí puede, también quiere. Y, “extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí, quiero: Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. (Mc. 1, 40-45).

¡Qué grande fe la de este pobre leproso! Y ¡qué audacia! No tuvo temor de acercarse al Maestro. No tuvo temor de que le diera la espalda. No tuvo temor de ser castigado por incumplir la ley que le impedía acercarse a alguien. Es que la fe cierta no razona, no se detiene. Quien tiene fe sabe que Dios puede hacer todo lo que quiere. Para Dios hacer algo, sólo necesita desearlo. Por eso el pobre leproso se le acerca al Señor con tanta convicción. Por eso el Señor le responde con la misma convicción: “¡Sí quiero: Sana!”

Nos dice el Evangelista que Jesús “se compadeció”, “tuvo lástima” del leproso. ¡Y cierto! El Señor tiene lástima de la lepra que carcome el cuerpo. Por eso la cura. Pero mucha más lástima y más compasión tiene Jesús de la lepra que carcome el alma. Por eso hace algo más impresionante aún. Para curarnos a todos de la lepra del alma, nos dejó un tratamiento que no falla: el Sacramento de la Confesión.
La Segunda Lectura tomada de San Pablo (1 Cor. 10, 31-11,1) nos habla de la obligación que tiene todo cristiano de hacer todo “para la gloria de Dios”; es decir, pensando antes de actuar si lo que hacemos, cualquier cosa que hagamos, desde comer y beber, es para dar gloria a Dios. Asimismo nos recuerda en qué consiste la caridad cristiana: complacer a los demás (dar gusto a todos en todo) y buscar el interés de los demás … y no el propio interés. Pero ese “dar gusto” y ese “buscar el interés de los demás” tiene una finalidad muy específica. No se trata de complacer por complacer cualquier capricho, ni buscar satisfacer el interés egoísta de los demás, sino que queda muy, muy claro cuál es ese interés que debe perseguir quien quiere ser imitador de Cristo, como lo fue San Pablo. Lo dice muy claramente: “sin buscar mi propio interés, sino el de los demás, para que se salven”. Es decir, el servir a los demás, el buscar el interés de los demás, debe tener como finalidad la búsqueda de su mayor bien, que es la salvación eterna. Esto debe tenerse siempre en cuenta, pues de otra manera, más bien podemos hacer daño a la salvación eterna de los demás, si lo que buscamos es complacer por complacer o por ser apreciados y queridos.

Pero … volvamos al tema de la Primera Lectura y del Evangelio. ¿Qué nos enseñanza estos pasajes de la Biblia sobre la lepra? Primeramente el horror que es el pecado. Luego, la actitud del Señor ante el pecador que busca su ayuda.

Entonces … ¿qué hacer con la lepra del alma que nos carcome? Pues lo que hizo el leproso: se acercó a Jesús con convicción, sin duda, sin temor y con una fe segura. Pero muy importante: se acercó también con humildad, “suplicándole de rodillas”. Esa debe ser nuestra actitud: reconocer nuestra lepra y buscar ayuda que el Señor nos dejó, con convicción y sin temor, pidiéndole que nos sane.

Sabemos que no podemos curarnos por nosotros mismos. Pero el Señor no tendrá asco de nuestra lepra, si nos presentamos ante El humildemente. No importa cuán grave sea nuestra situación de pecado. Pudiera ser que por muchos años vengamos arrastrando una enfermedad del alma, una lepra que parece incurable. Pero, si Dios quiere, puede hacer cualquier milagro. Y lo hace con cada arrepentimiento y en cada Confesión.

Entonces… ¡qué mejor oportunidad para obtener la sanación de nuestra lepra espiritual que la Confesión! Por más fea o más larga que sea la lepra de nuestra alma, es indispensable, primeramente, arrepentirnos de nuestros pecados. Luego, confesarlos ante el Sacerdote para recibir la Absolución. Y, con sólo esto, ya estamos sanos.

Así de fácil los requisitos. Así de grande la recompensa: quedamos sanos totalmente, como el leproso. Vale la pena, ¿no?.

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Opinión«Todos te buscan» (Evangelio Dominical) por Ángel Corbalán

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Hoy, contemplamos a Jesús en Cafarnaúm, el centro de su ministerio, y más en concreto en casa de Simón Pedro: «Cuando salió de la sinagoga se fue (…) a casa de Simón y Andrés» (Mc 1,29). Allí encuentra a su familia, la de aquellos que escuchan la Palabra y la cumplen (cf. Lc 8,21). La suegra de Pedro está enferma en cama y Él, con un gesto que va más allá de la anécdota, le da la mano, la levanta de su postración y la devuelve al servicio.

Se acerca a los pobres-sufrientes que le llevan y los cura solamente alargando la mano; sólo con un breve contacto con Él, que es fuente de vida, quedan liberados-salvados.

Todos buscan a Cristo, algunos de una manera expresa y esforzada, otros quizá sin ser conscientes de ello, ya que «nuestro corazón está inquieto y no encuentra descanso hasta reposar en Él» (San Agustín).
Pero, así como nosotros le buscamos porque necesitamos que nos libere del mal y del Maligno, Él se nos acerca para hacer posible aquello que nunca podríamos conseguir nosotros solos. Él se ha hecho débil para ganarnos a nosotros débiles, «se ha hecho todo para todos para ganar al menos algunos» (1Cor 9,22).

Hay una mano alargada hacia nosotros que yacemos agobiados por tantos males; basta con abrir la nuestra y nos encontraremos en pie y renovados para el servicio. Podemos “abrir” la mano mediante la oración, tomando ejemplo del Señor: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35).

Además, la Eucaristía de cada domingo es el encuentro con el Señor que viene a levantarnos del pecado de la rutina y del desánimo para hacer de nosotros testigos vivos de un encuentro que nos renueva constantemente, y que nos hace libres de verdad con Jesucristo.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor

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Opinión: En medio de vosotros está uno a quien no conocéis por Ángel Corbalán

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Hoy, en medio del Adviento, recibimos una invitación a la alegría y a la esperanza: «Estad siempre alegres y orad sin cesar. Dad gracias por todo» (1Tes 5,16-17). El Señor está cerca: «Hija mía, tu corazón es el cielo para Mí», le dice Jesús a santa Faustina Kowalska (y, ciertamente, el Señor lo querría repetir a cada uno de sus hijos). Es un buen momento para pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros y darle gracias.

La alegría es una característica esencial de la fe. Sentirse amado y salvado por Dios es un gran gozo; sabernos hermanos de Jesucristo que ha dado su vida por nosotros es el motivo principal de la alegría cristiana. Un cristiano abandonado a la tristeza tendrá una vida espiritual raquítica, no llegará a ver todo lo que Dios ha hecho por él y, por tanto, será incapaz de comunicarlo. La alegría cristiana brota de la acción de gracias, sobre todo por el amor que el Señor nos manifiesta; cada domingo lo hacemos comunitariamente al celebrar la Eucaristía.

El Evangelio nos ha presentado la figura de Juan Bautista, el precursor. Juan gozaba de gran popularidad entre el pueblo sencillo; pero, cuando le preguntan, él responde con humildad: «Yo no soy el Mesías…» (cf. Jn 1,21); «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí» (Jn 1,26-27). Jesucristo es Aquél a quien esperan; Él es la Luz que ilumina el mundo. El Evangelio no es un mensaje extraño, ni una doctrina entre tantas otras, sino la Buena Nueva que llena de sentido toda vida humana, porque nos ha sido comunicada por Dios mismo que se ha hecho hombre. Todo cristiano está llamado a confesar a Jesucristo y a ser testimonio de su fe. Como discípulos de Cristo, estamos llamados a aportar el don de la luz. Más allá de esas palabras, el mejor testimonio, es y será el ejemplo de una vida fiel.

Lectura del santo evangelio según san Juan (1,6-8.19-28):
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?»
Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
El dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta?»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra del Señor

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