Opinión: Perico Pejiguera, por Juan Antonio Palacios

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Perico era especialista en crear problemas y colocar en dificultades al mayor de los amigos. Solía decir en muchas ocasiones, lo más inconveniente en el momento más inoportuno. Además en su falta de empatía se ganaba el rechazo de todo el mundo, al final hasta de los que parecían en un principio sus partidarios.

Formulaba todo tipo de preguntas en los espacios más inapropiados, con el solo, único y exclusivo afán de crear tensiones, porque cuando era preguntado sobre las razones de formular dicha cuestión, solo se le ocurría decir “tenía que hacerlo”. Y los demás pensaban, “pues podías haber dicho otra cosa”

Tenía la gran habilidad de conseguir ser el más antipático de cualquier reunión en la que se encontrase, siendo su tema predilecto el hablar de sí mismo a todas horas del día , con lo que no le quedaba ni tiempo ni espacio en su pétrea mente para escuchar la voz y entender las ideas de los demás.

Además de sí mismo, su vida la llenaba su afición por las musarañas , que a nadie interesaba , pero él , dale que te pego, con el monotema , que si este mamífero era muy útil y ecológico , porque con sus 10 a 15 cm de longitud con su cola incluida , se cepillaba a un montón de insectos molestos.

El resto de la realidad no es que no le gustara, sino que cansaba a los demás con sus quejas sobre todo y todos. Es más, en sus manías persecutorias, pensaba que él, era el centro de todas las fobias, envidias y odios, con lo que no disfrutaba ni un solo instante de las oportunidades que se le presentaban.

Ese descontento, esa congoja sin remedio, se traducía en su rostro con una cara de pocos amigos y “malas pulgas” iracunda, con su frente baja, sus labios encogidos y sus fosas nasales ensanchadas. De tal manera, que en esos momentos era mejor tenerlo lo más lejos posible, no fuera ser que nos llegaran los efectos tóxicos de su presencia.

De un tiempo a esta parte , le había dado por refugiarse en su móvil , de tal manera que su nomofobia le impedía salir de casa sin su aparatito de última tecnología , y en las redes la emprendía con todo aquel que convertía en enemigo feroz o que consideraba como el mayor de los atacantes a su intimidad.

PP le costaba verdaderos esfuerzos esbozar una sonrisa y muchos más dar su aprobación a lo que hicieran los otros. Era en el más amplio sentido de la palabra un malaje de tomo y lomo. Nunca le apetecía ni estaba satisfecho con nada.

No había plan que le cuadrara, ni libro que le gustara leer, ni película que le apeteciera ver, ni lugar al que sintiera deseos de ir y cualquier cosa le disgustaba y le cabreaba. Eso sin hablar de sentarnos a la mesa con Perico. Convertía el placer del degustar en la tortura del tragar.

Siempre estaba solo, por qué no había persona normal que le aguantara, entre sus ocurrencias y sus impertinencias. Era en el peor sentido de la palabra, como su apellido indicaba un Pejiguera, pero sobre todo un aburrido.

La realidad casi siempre supera a la ficción, y Perico Pejiguera, era un pelma inaguantable, incluso para contar chistes, decir cosas intrascendentes o hacer gracietas. Por eso, si por cualquier desgracia del azar te caía a tu lado en un acto o acontecimiento, tú te acordabas de toda la familia del responsable de protocolo que lo había situado allí, y que había transformado un momento interesante en algo cansino en algo cansino y hartible.

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