Opinión: La relación Puerto-Ciudad, por María José Jiménez

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La semana pasada se reunieron el alcalde de Algeciras y el presidente de la Autoridad Portuaria acompañados por el director del puerto, José Luis Hormaechea, el teniente de alcalde delegado de Urbanismo, Diego González, la delegada municipal de Medio Ambiente, Laura Ruiz, e ingenieros tanto de la institución portuaria como municipales para ahondar en la coordinación puerto-ciudad. ¡A buenas horas mangas verdes!

No sé qué ha provocado esta reunión, si el Plan Director de Infraestructuras de la APBA o la presentación en el último Pleno Municipal de una moción sobre la posible ampliación portuaria hacia el Sur que afectará a la playa del Chinarral, la Reserva de la Biosfera y el Parque Natural del Estrecho. No obstante, la moción quedó sobre la mesa para tratarla en profundidad en la Comisión de Urbanismo y así intentar llegar a un consenso entre gobierno y oposición sobre este delicado asunto.

Es obvio que el Puerto crecerá, nadie lo pone en duda, pero buscando soluciones entre todos que garanticen un desarrollo sostenible. A tal efecto es conveniente recordar que las reordenaciones portuarias están en manos de las administraciones públicas, concretamente del Ente Público Puertos del Estado dependiente del Ministerio de Fomento. Y en principio esta debería buscar el equilibrio entre los intereses estrictamente portuarios y los urbanos, con esquemas de ordenación que teóricamente respeten las preocupaciones sociales, culturales y medioambientales de la ciudad. Algo que hasta ahora no se ha hecho en el Puerto de Algeciras, ni siquiera con el fracasado proyecto de ordenación del “Llano Amarillo”, que sigue siendo área de espera de la Operación Paso del Estrecho.

En 2005 hubo un concurso para la ordenación de los terrenos del llamado “Llano Amarillo” o Muelle de Ribera de la Dársena Pesquera. La propuesta ganadora del equipo de arquitectos encabezado por A. Cruz y A. Ortiz desarrollaba dicho espacio, integrándolo en el Sistema General de Espacios Libres de la ciudad, y destinándolo a zona de ocio y a equipamiento cultural. Proyectaban recuperar el frente marítimo con un amplio paseo, y un palmeral, que terminaría en un singular edificio cultural, del que nunca más se supo. También contemplaba un nuevo trazado de la avenida Virgen del Carmen, dejando un nuevo espacio verde entre ella y la ciudad, y proyectando también la construcción de un aparcamiento subterráneo bajo su superficie.

Doce años después, ¿qué ocurrió con este desarrollo del Llano Amarillo? Porque la ciudad ha estado reclamando su uso cívico durante muchos años. El presidente de la APBA, Manuel Morón, nos dio la respuesta en un desayuno coloquio patrocinado por CajaSur y organizado por el diario Europa Sur: “La cesión del Llano Amarillo es una Operación de Estado. Para ceder el Llano a la ciudad, con lo que el Puerto está de acuerdo, hay que desarrollar un área alternativa cuyo proyecto duerme el sueño de los justos, en el Ministerio de Fomento, lo contrario sería una irresponsabilidad.”

Ahora la Autoridad Portuaria Bahía de Algeciras (APBA) ha empezado a esbozar el borrador del Plan Director de Infraestructuras (PDI). Es un documento preliminar que se encuentra a expensas del proceso de evaluación ambiental estratégica, por lo que su recorrido apenas ha dado los primeros pasos. Esta planificación u reordenación portuaria está sometida al imperio de la ley (ley 48/2003 y 9/2006), y aún quedan más de 21 meses para saber cómo crecerá el puerto en un futuro no muy lejano. Pero los plazos pasan pronto y, al final, nos podemos encontrar con la peor opción de las posibles para la calidad de vida de la mayoría de los vecinos y ciudadanos de Algeciras.

Existe ya en las ciudades portuarias una actitud popular negativa a este tipo de desarrollo por parte de colectivos ecologistas, plataformas ciudadanas o asociaciones de vecinos que pueden ser un obstáculo para nuevos crecimientos portuarios por su impacto social y ambiental. Los frentes marítimos se han convertido en áreas muy sensibles a la opinión pública, y en general a los ciudadanos: la connivencia entre frente marítimo y ciudadano va en aumento en proporción al grado de desarrollo de cada comunidad implicada. Los ciudadanos han pasado, en unos pocos decenios, de considerar los puertos como verdaderos motores de la economía urbana y los frentes portuarios como las formas naturales que adopta el frente marítimo urbano, a considerarlos como “frontera”, como ocupantes no deseados de espacios extraordinariamente valiosos que la ciudad debería recuperar cuanto antes para sí.

Por eso recuerdo que existe una Asociación Internacional de Ciudades y Puertos que ha confirmado en su 10ª Conferencia celebrada en Sydney, trece años después de la Carta de Montreal (2002), su voluntad de proseguir con sus acciones a favor del desarrollo sostenible y armonioso en la implementación de los proyectos portuarios para asegurar la coherencia de los mismos. La adhesión de las poblaciones y puertos a los desafíos de desarrollo sostenible es indispensable en todos los proyectos conducidos por la comunidad ciudad-puerto. Esto supone acciones previas de sensibilización de los ciudadanos, la puesta en práctica de procedimientos permanentes de información y de evaluación de todo proyecto portuario y sus objetivos. Y así construir entre todos un porvenir fundado en valores comunes: apertura hacia las demás personas, respeto a la dignidad humana, solidaridad, transparencia y democracia. Muchos puertos españoles se han adheridos ya a la Carta de Sydney y Montreal, cuándo lo hará el de Algeciras.

María José Jiménez Izquierdo

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