Mucho público arropa a las familias de Castellar en el homenaje rendido a las víctimas del franquismo

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Más de doscientas personas participaron en la primera de las jornadas de homenaje a las víctimas del franquismo en Castellar de la Frontera, organizadas por el Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar en colaboración con el ayuntamiento. El teatro municipal se llenó de público el viernes 22 de septiembre para asistir a la proyección de La noche más larga, documental que narra cómo fueron la guerra y la represión en la comarca. El alcalde, Juan Casanova, y el director de la película, Juan León Moriche, dieron la bienvenida a los asistentes, que llenaban todo el aforo del teatro, y los animaron a participar en el siguiente acto de las jornadas: el homenaje propiamente dicho a los castellarenses que fueron fusilados o represaliados durante la guerra y la posguerra. El acto tuvo lugar luego al comienzo de la carretera que va hacia Sotogrande y allí participaron en una pequeña ceremonia cívica. El alcalde y varios familiares descubrieron, junto a la cancela que da acceso al parque del Cerro del Moro, una placa con veinticuatro nombres de personas asesinadas y treinta y tres encarceladas. El texto que encabeza la relación dice así: “El pueblo de Castellar de la Frontera, en recuerdo de sus vecinos víctimas del franquismo que fueron asesinados, encarcelados, torturados, empujados al destierro, o pasaron hambre y necesidad. Y en recuerdo de los miles de presos republicanos que trabajaron como esclavos en la construcción de carreteras e instalaciones militares en este municipio”.

El alcalde de Castellar agradeció la labor del Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar en una labor tan importante como la que realiza y su presidente, Andrés Rebolledo, afirmó que es triste que más de cuarenta años después de la muerte del dictador el Estado español aún no haya hecho lo que tiene que hacer. Esclarecer la verdad, hacer justicia y reparar a las decenas de miles de víctimas del franquismo que en toda España siguen desaparecidas y enterradas en cunetas y bajo tapias.

Juan León Moriche leyó los nombres y apellidos de las veinticuatro personas fusiladas, dijo su edad, su oficio y la fecha en que fueron fusiladas.

Se preguntó luego por qué murieron estas personas, qué habían hecho y si había algo que justificara su asesinato. “Absolutamente nada”, se respondió y añadió: “Casi todos eran jornaleros, carboneros o pequeños agricultores, dos eran chóferes y uno era lechero. Lo único que habían hecho en su vida era trabajar, trabajar de sol a sol para sacar a sus familias adelante y criar a sus hijos. Como casi todo el pueblo de Castellar, ellos huyeron a Málaga cuando las tropas fascistas llegadas de África cercaron el castillo y al volver meses más tarde, en febrero, fueron asesinados”. Y se volvió a preguntar por qué murieron.

“Porque los golpistas tenían un plan”, dijo y continuó de este modo: “Ese plan decía que en todos y cada uno de los pueblos de Andalucía y Extremadura había que eliminar, había que asesinar a los jornaleros y trabajadores con ideas, a los trabajadores que pensaban y veían claro que el latifundismo es el cáncer que durante siglos ha condenado a la miseria a la mayoría del pueblo y ha impedido a la mayoría de la gente vivir con dignidad. Ese era el plan, exterminar a quienes querían y luchaban por una sociedad más justa e igualitaria”.

León Moriche dijo luego que las personas cuya memoria se estaba honrando eran moralmente superiores a sus verdugos. “Son moralmente superiores a quienes dieron las órdenes para que los mataran y moralmente superiores a quienes urdieron todo el plan para llenar Andalucía y España de cadáveres”, añadió.

Recordó que los fascistas fusilaron a 60.000 personas en Andalucía y dijo que lo que tanto se ha repetido y divulgado tras la muerte del dictador y durante la transición de que hay que olvidar, de que todos son igualmente culpables, de que todos mataron por igual, es rotundamente falso. “Eso es una mentira histórica y política que sigue haciendo mucho daño hoy en día y que convierte a España en el único país de Europa donde hay decenas de miles de personas desaparecidas enterradas en las cunetas y bajo las tapias de los cementerios”, añadió.

“Hitler y Franco son la misma cosa”, dijo y agregó: “Los dos son la encarnación del mal. Los obispos regordetes sacaban bajo palio al verdadero satanás. Franco y Hitler son dos genocidas, los dos parten del mismo desprecio por la vida, del mismo desprecio por las personas, y del mismo desprecio por los derechos humanos y la libertad. Ellos y la maquinaria que les sirvió representan lo peor en la historia de la humanidad. Son los autores de los crímenes más horrendos jamás perpetrados”.

El dirigente del foro agregó que los jóvenes deben saber qué es lo que hicieron Franco y Hitler y cómo manipularon a la gente, para que hoy sepan defender mejor la libertad y la democracia. “La libertad y la democracia no se defienden con más policías ni más ejércitos, se defienden con más libertad y más democracia, y se defiende con la unidad de los trabajadores, con la unidad de los pobres frente a los poderosos”, agregó.

León Moriche acabó con unas palabras dedicada a Paco León Domínguez, primo de su padre. Paco perdió a su padre cuando tenía seis años. José María León López murió fusilado el 29 de marzo de 1939, justo el día en que Paco cumplía seis años, en El Puerto de Santa María. Además de a su padre, Paco perdió a su tío, Sebastián León López, fusilado junto a su hermano, a su tío Curro León López, oficial del Ejército de la República que murió durante un bombardeo fascista en Málaga, y a Enrique Melero Wilson, su primo, hijastro de Sebastián, detenido en la misma operación que José María y Sebastián, y que murió en la cárcel de Burgos cuando no tenía más de diecisiete años.

León Moriche acabó así su discurso: “Paco, sólo tú sabes lo que has sufrido por la muerte de tu padre y por el dolor y la pena de tu madre. (…) tu padre fue un valiente y luchó donde tenía que luchar. Traidores eran los que acusaron a tu padre de traición. Ellos eran los traidores y los criminales. Tu padre, tu tío y tus primos estaban en el lado correcto, donde debían estar las personas honradas y obraron bien hasta el final de sus días. Tres cosas podemos hacer hoy por ellos: No olvidarlos nunca, luchar para que en este país se anulen las condenas del franquismo y se les devuelva en los papeles el buen nombre que nunca han perdido en nuestra memoria, y luchar para traer a España una República libre, justa y fraternal como la que ellos querían. Viva la República”.

Las jornadas continuaron el sábado 23 con dos conferencias seguidas de interesantes coloquios. José Manuel Algarbani, historiador y colaborador del foro, dio una conferencia titulada República, guerra y represión en Castellar. Fue una conferencia magistral con mucha e interesante información. Dio los nombres de todos los alcaldes y concejales republicanos, explicó cuáles eran las dificultades a las que se enfrentaba el ayuntamiento, cuál fue el índice de participación en las distintas elecciones y sus resultados y contó cómo se organizó la huida hacia Málaga de la mayor parte del pueblo, una vez que las tropas fascistas iban a tomar Castellar. Además mostró fotografías inéditas sobre el búnker que se construyó junto a la estación de trenes de Arenillas para el alto mando militar de Franco que iba a dirigir la operación de invasión de Gibraltar y control total del Estrecho. Explicó que hasta 30.000 presos republicanos fueron utilizados como mano de obra esclava para construir todas las fortificaciones de Estrecho y los más de 400 kilómetros de carreteras y carriles de montaña.

Muy interesante fue también la conferencia que a continuación dio Fernando Sígler, doctor en Historia, que habló sobre El reparto de tierras en La Almoraima. Sígler recordó que en este mes de septiembre se han cumplido 85 años de la aprobación de la Ley de Reforma Agraria del primer Gobierno de la República. Y luego explicó qué consecuencias tuvo esa ley en la provincia de Cádiz y en castellar. Recordó que los duques de Medinaceli y sus parientes dominaban más del 75 por ciento de las tierras agrícolas y forestales de cuatro municipios gaditanos: Tarifa, Espera, Bornos y Castellar. En este último municipio el duque poseía algo más de 17.000 hectáreas, el 95 por ciento del término municipal, el caso más extremo. Y luego narró las dificultades y vaivenes con que se intentó aplicar la reforma agraria. Contó que en 1934, ya durante el bienio derechista, la aplicación de la ley siguió adelante en Castellar, pese a la oposición de la casa ducal. Lo planeado era entregar tierras a 150 familias y al final se llegaron asentar unos 80 colonos a los que se les entregaron de siete a nueve hectáreas de tierra de labor a cada uno y a los que además se les concedieron prestamos para que pudieran poner en marcho sus explotaciones. El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 dio un nuevo impulso a la aplicación de la ley, impulso que fue cortado en seco por el golpe de estado y la guerra tras la cual las tierras le fueron devueltas al duque.

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