Opinión: Carta abierta al Alcade de Algeciras, por María José Jiménez

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El alcalde, José Ignacio Landaluce, escribió el pasado sábado 19 de agosto un artículo de opinión en el diario Europa Sur donde después de mostrar solidaridad con las víctimas de los cobardes atentados terroristas perpetrados en Cataluña, se preguntaba cómo se podía combatir esta sin razón. Y la respuesta era clara, a través de la legalidad vigente y de la unión de todos los demócratas. Terminaba diciendo que “Todos somos Cataluña”.

Estoy totalmente de acuerdo con lo expresado por el Alcalde, pero creo que se ha quedado corto pues desde los Ayuntamientos se podría hacer algo más para combatir el extremismo violento. Solo basta mirar otras experiencias dentro y fuera de nuestras fronteras. Los modelos más citados son los de Aarhus en Dinamarca o Malinas en Bélgica, aunque existen otras iniciativas en las que inspirarse, pues ya hay ciudades compartiendo sus buenas prácticas a través de redes internacionales.

Estas ciudades tienen planes de acción local cuyos elementos fundamentales son básicamente tres. Uno, Combinar la política social y la política de seguridad para prevenir la radicalización. Establecer una alianza entre los asuntos sociales y los cuerpos de seguridad del estado con elementos de disuasión más o menos efectivos: educación, campañas de integración, propaganda, presencia policial, elementos psicológicos y físicos de contención…

Dos, las ciudades deben disponer de mesas multisectoriales y organismos de coordinación en las que participan todo tipo de actores locales: desde educadores y trabajadores sociales a médicos de cabecera, policía y movimientos vecinales. La integración de todos estos actores -y el desarrollo de la confianza mutua resultante- facilita una identificación de los problemas y una resolución más ágil de los mismos.

Tres, estas iniciativas locales son experimentos sujetos a una evaluación técnica al margen de las luchas partidistas y en algunos casos, como el del programa británico de prevención de la radicalización Channel, se inspiran en iniciativas ya existentes a escala nacional y supranacional. Es decir, se articulan a partir de un consenso social y político que excluye el terrorismo de la disputa política y electoral.

Así que pese a las enormes dificultades económicas a las que ya se enfrentan nuestros Ayuntamientos, se puede y se debe actuar contra el extremismo islamista, porque las ciudades están en primera línea (siete de cada diez europeos residen en centros urbanos). La descentralización de programas de prevención y la adopción de planes de acción local no son sólo necesarios, sino básicos para nuestra seguridad y la respuesta lógica a la creciente radicalización.

La administración municipal conoce mejor su población y sabe dónde hace falta intervenir. El nivel de confianza de la ciudadanía también tiende a ser mayor y el capital social resulta fundamental en las tareas de prevención pues se requiere la colaboración de los vecinos. La sociedad civil local también dispone de una inteligencia muy útil para detectar las problemáticas que afectan a sus ciudadanos en riesgo de radicalización violenta.

Algeciras, como han hecho otras poblaciones europeas, debe empoderarse, y elaborar planes de acción local que mejoren la convivencia, mitiguen las amenazas violentas y la capacidad de recuperación frente a la adversidad.

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