Opinión: Calendarios escolares y cuidado de la infancia, por Rafael Fenoy

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Cuando se hacen públicos los calendarios escolares en multitud de familias surgen las dudas de qué hacer con los críos cuando no hay clases. El sistema educativo además de cumplir con otras funciones permite tener recogida a la infancia y la juventud un buen número de horas para tranquilidad de los progenitores o tutores. En España 175 días, llamados lectivos, donde la asistencia del alumnado a los centros es obligatoria, cinco horas, en educación primaria y secundaria, 6 horas y treinta minutos, hasta los 16 años, que en muchos casos se “cumplen” cual condena inapelable.

Algunas personas adultas trabajan y suelen tener horarios laborales compatibles, pero son las menos. En general no es fácil compaginar la vida familiar, laboral y escolar pues los días donde los centros se cierran estas personas trabajadoras con hijas e hijos a su cargo se las ven y se las desean para tenerlos vigilados y atendidos. El clásico recurso a los abuelos de turno no siempre funciona, por distancia, por tristes ausencias o porque hicieron el petate y están de gira.

El calendario escolar en el pasado era bastante coherente con una forma de vida en la que por la estructura familiar de familias extensas y la escasa incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa permitía la presencia de adultos en las casas con asiduidad, por lo que la chiquillería después de las clases sólo tenía que regresar al hogar, que siempre alguien los cuidaba. Incluso los lazos de buena vecindad, que siguen funcionando, aunque con mucha menor intensidad, suplían en momentos especiales.

Además la coincidencia del calendario laboral con el canónigo, el eclesial, simplificaba y mucho la coordinación con el escolar, que seguía idéntica lógica. Pero esta cuasi perfecta armonía en los tiempos de escuela, hogar y trabajo ha desaparecido. Sin embargo el calendario escolar mantiene su lógica religiosa a pesar de la secularización (laicidad) de la vida laboral y consecuentemente familiar. Las empresas no respetan los descansos o vacaciones en fiestas religiosas, donde antaño toda actividad, incluso artística o lúdica, quedaba paralizada, por el tiempo de pasión, por ejemplo, o las clásicas navidades.

Sin embargo el alumnado no tiene clases y eso si es un problema para muchas familias, cada vez en mayor número. Reducir el tiempo de trabajo, a las familias que precisan cuidar a los menores, sería una saludable solución.

Fdo Rafael Fenoy Rico

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