Opinión: Derechos Torcidos, por Rafael Fenoy

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En este tiempo de desamparo, en esta etapa política, que dura ya largos años, la inmensa mayoría de la población ha perdido mucho. Sobre todo la confianza en un sistema político que se presentó, después de la larga noche dictatorial, como una etapa de esperanza, prometiendo que a fuerza de esfuerzo todo lo necesario sería posible.

Llevamos 38 años de una transición política que no acaba de finalizar y donde se repiten los viejos tics fraudulentos, los angostos comportamientos dictatoriales, los trapicheos, los enchufismos, los privilegios… de la antigua cultura autoritaria. Se han perdido en este corto, pero intenso camino, muchas ilusiones, mucho optimismo y sobre todo la seguridad de que el trabajo colectivo sostendría los derechos sociales, e incluso los ampliaría.
Y algunos han pretendido que, además de padecer la crisis, nos sintamos culpables. Y algunos siguen queriendo que veamos como normal el que el derecho a un trabajo digno en tu tierra, o que se cobren las pensiones, sean quimeras, sueños a los que se debe renunciar.

Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que los emigrantes de la época de Franco volvían a casa, en que los hijos tenían mejores oportunidades que sus padres, en que el derecho a la salud y las pensiones eran sagrados. Ahora la nada amenaza nuestras más legítimas aspiraciones, no a ser ricos, pero si vivir con dignidad en nuestra tierra, la tierra de quienes nos precedieron y poder heredar el inmenso patrimonio cultural y medio ambiental que nos legaron.
Millones han pedido todo, sus trabajos, sus viviendas, sus ansias de vivir dignamente. La juventud es consciente de que deberá asumir cualquier trabajo, a precio de saldo, a tiempo perdido, o mucho peor tendrá que emigrar, como hicieron sus abuelos, pero sin perspectiva de regreso, porque el modo de vida ha cambiado tanto que no parece tener vuelta atrás.

Los que aún conservan el trabajo han visto como su salario ha perdido poder adquisitivo en algo más de un 15,4%. Son testigos impotentes del abaratamiento y la facilidad (injustificable) de los despidos. Por mencionar un sector, entre 2010-2016, los docentes han dejado de percibir entre 10.000 y 16.000 euros del salario bruto (sin antigüedad) dependiendo del cuerpo al que pertenecieran, y ello no ha supuesto incremento de empleo, todo lo contrario, ya que ha aumentado su jornada laboral, han desaparecido mejoras laborales a mayores de 55 años, han sido penalizados por encontrarse enfermos, se han reducido las horas “oficiales” de preparación de clases y evaluaciones, y la necesaria cooperación entre docentes.

Y quienes son responsables de estos desmanes, amén de fraudes, estafas, robos… siguen jugando a “campañas electorales” pretendiendo comunicar que su desgobierno ha sido bueno y positivo. Si de verdad alguien ve que su vida ha mejorado no debe dudar en volver a votarlos, pero si no ha sido así ¿Cómo es posible que las encuestas proclamen que millones de votantes volverán a votarlos? Una de dos: o el miedo (irracional) a Podemos, ha ganado adeptos; o quizás, mucha gente se queja, porque está de moda, y en el fondo todo, en esta corrupción autoritaria, le va muy, pero que muy bien.

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