Carta de agradecimiento de la familia de Pepe Ojeda

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Hace unos veinte días, mi padre, Pepe Ojeda Luque, se marchó de este mundo en silencio, de soslayo, sin hacer apenas ruido, tomando un atajo para que Dios lo recogiese, tal como a él le gustaba decir. Hasta su último día ejerció su oficio con compromiso y responsabilidad, dejando escrito su último pregón, y atento siempre a la actualidad periodística de su ciudad, a la que se entregó con devoción a lo largo de toda su vida tanto personal como profesional. Murió y no es un tópico en este caso con las botas puestas. Quiso el destino que una repentina enfermedad lo abatiese el Día Mundial de la Radio, como si el azar quisiera impulsar la cuadratura del círculo de su existencia, entregada con absoluta pasión a este medio. Pepe Ojeda sobre todas las cosas era un locutor, y esa fue su vocación. Había nacido para contar la vida desde un micrófono, y a él le tocó relatar parte de la historia de nuestra ciudad. Lo hizo desde la que siempre fue su casa profesional, EAJ 55 RADIO ALGECIRAS, CADENA SER, Portavoz del Campo de Gibraltar. Su voz, la que fuese considerada la Voz de Algeciras, se apagó definitivamente al alba del día de San Valentín, causando con su desaparición un gran vacío a su familia. Mi padre fue testigo excepcional de episodios históricos de esta ciudad, le tocó transmitir a sus habitantes gestas deportivas, acontecimientos políticos, sociales, religiosos, culturales y festivos. Las ondas hertzianas lograron que ingresase de manera cotidiana en los hogares de muchos algecireños, convirtiéndose en partícipe de sus tristezas y alegrías, de sus éxitos y fracasos, sirviendo de portavoz de sus reivindicaciones y alzando su voz para intentar solucionar sus problemas. Desde la Cadena SER profesó con vehemencia la fascinación que en él causaba la ciudad de Algeciras y todo lo que en ella acontecía. El amor que él sintió por ella le ha sido devuelto con creces en su despedida.
Desde que se produjo su fallecimiento nos hemos sentido muy confortados por las constantes muestras de cariño que hemos recibido. Siempre he sabido que mi padre era una persona conocida más ahora hemos tenido la certeza de que también era muy querido. Ha sido muy emocionante recibir las muestras de afecto que nos ha mostrado toda la sociedad algecireña. Es por ello por lo que en nombre de toda mi familia deseo mostrar el inmenso agradecimiento por ese gran caudal de aprecio recibido.
Sirvan estas breves líneas, para dar especiales gracias a una serie de personas, colectivos e instituciones que han tenido especial deferencia y amabilidad con mi padre y mi familia durante este trance, siempre tan difícil.
Así pues, y sin ánimo de ser exhaustivos, es obligado abrir este capítulo de gratitud por el cariño recibido.
En primer lugar, a los profesionales del Hospital Punta Europa, y en especial a Pedro Marín, médico del mismo por el excepcional trato hacia mi padre y mi familia, colmado de ternura y afecto, con una implicación sentimental que nunca dejaremos de agradecer. Se da la circunstancia que Pedro es hijo de Manuel Marín Grandy, Periquito, nombre que se unió al de mi padre en aquel histórico ascenso del Algeciras C.F en Valencia en 1963. De alguna manera el destino los volvió a unir en el último momento de su vida.
A la Corporación Municipal, a los grupos políticos y en especial al Ilmo. Sr Alcalde, D. José Ignacio Landaluce Calleja, que nos transmitió el pesar de la ciudad. A los antiguos alcaldes, a los que Pepe Ojeda daba los buenos días a diario desde el estudio de la radio.
A Radio Algeciras, a su Director, a todo su equipo humano. Gracias por su sensibilidad a la familia, por la solidaridad de todos los que compartieron tantos días de periodismo y radio con mi padre, por la estima de sus compañeros. Y gracias también por los programas dedicados a su memoria. Sin duda, a él como locutor le habría gustado la forma de contar su despedida.
Al Consejo Local de Hermandades y Cofradías, a su presidente Manuel Delgado Cerro, a los Hermanos Mayores, por la iniciativa de reconocimiento planteada. En especial a su querida Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en cuya nómina ocupaba el número uno, y a la que se entregó en cuerpo y alma.
A la Iglesia de Algeciras, en especial a los seis sacerdotes que oficiaron el sepelio, por su amistad y por el ánimo que nos supieron transmitir. Gracias de corazón al Padre Curro, párroco del Corpus Christi, por sus palabras de aliento, tan cariñosas y sentidas.
Gracias a los miembros de la profesión periodística que nos ha transmitido su pesar por la desaparición de uno de los suyos. Y gracias al Algeciras C.F, club decisivo en la historia personal de mi padre, a las entidades deportivas, a la Peña Miguelín y al mundo taurino, a la Sociedad El Mero, al Carnaval, a la Asociación Farolillo y a su presidente Antonio Quintero, a los colectivos sociales, sindicales y profesionales y a todos los amigos y ciudadanos que en estos días han tenido y siguen teniendo múltiples gestos de afecto.
Y de manera especial a todos los que fueron sus oyentes, que han sentido la desaparición de una parte de la Memoria Sentimental de la ciudad. En nombre de mi familia, Gracias inmensas, ilimitadas e infinitas.
José María Ojeda Rodríguez.

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