Usando semillas de cannabis como combustible orgánico

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La biomasa actualmente se plantea más bien como un combustible primario de cara al futuro, no ya como una alterantiva a los actuales. En los últimos años muchas investigaciones se centran en buscar nuevos materiales combustibles, que generen mucha energía a cambio de poca materia prima, es decir, se busca constántemente elementos naturales más eficaces. una puerta en la búsqueda de nuevos materiales combustibles. Uno de estos materiales es el cáñamo del cannabis, el cual se puede obtener de manera rápida con la ayuda de las semillas autoflorecientes de cannabis.

Esto no es algo nuevo, a principios del siglo XX, Henry Ford, adelantándose a su época y junto a otros eruditos de la ingeniería orgánica, destacó el hecho de que todos los combustibles fósiles actuales (carbón, aceite, gas natural, etc.) se deberían haber reemplazado desde hacía tiempo por materiales más naturales y mucho menos contaminantes tales como el papel desechado, los tallos del maíz o, en el caso que nos ocupa, el cannabis.

La biomasa puede ser transformada en metano, metanol o gasolina a un precio muy inferior al actual coste del petróleo, carbón o la energía nuclear (haciendo especial hincapié en el ahorro del daño al ecosistema que producen). La imosición del uso de la biomasa acabaría con problemas tan severos como la lluvia ácida y la contaminación por azufre y el archiconocido efecto invernadero, principal causante del deshielo polar.

Esto se puede llevar a cabo si se cultiva cáñamo para biomasa y después se transforma, ya sea por medio de pirólisis (para obtener carbón vegetal) o sometiéndolo a un proceso con productos bioquímicos, en combustibles que reemplacen los productos energéticos procedentes de combustibles fósiles.

Por ejemplo, el metanol, el cual se consigue mediante la pirólisis, se utiliza hoy en día en la mayoría de los coches de competición. No es un combustible novedoso, ya que se utilizó en gran medida desde la década de los veinte del siglo XX, hasta casi la mitad del siglo, en diversos vehículos, maquinaria agrícola y vehículos militares.

El aceite de cannabis es superior al petróleo, básicamente porque es una planta viva que se puede cultivar en gran masa con facilidad (si esto fuera legal), además de que se convierte en combustible de diesel de una manera mucho más sencilla y económica. Los procesos de extracción química pueden aumentar el rendimiento total del aceite a un 40% del volumen de la semilla. La producción de semillas es de 1000 kilos por hectárea, lo que vienen a resultar en 400 litros de combustible. El aceite de semilla de cáñamo arde como el aceite para calefacción.

Es esencialmente más pesado que el combustible líquido procesado y además contiene una pequeña cantidad de metanol. Esto produce un combustible líquido y oxigenado de primera calidad, con ebullición y viscosidad de calidades parecidas al diesel de petróleo. Además, cabe destacar que produce un 75% menos de hollín y partículas. Por tanto, es mucho más productivo utilizar las plantas secas de cáñamo como combustible que cualquier otro combustible fósil. El proceso para conseguir el combustible se resume en: primero se embala el cáñamo en paquetes y se queman para que obtener fuego que alimenta a unas calderas para producir electricidad.

Las plantas herbáceas que necesitan mucha humedad, como por ejemplo la caña de azúcar y el maíz, son las mejores para la descomposición bioquímica. La fermentación alcohólica resultante tiene una gran utilización como materia prima química. La descomposición bacterial da lugar a un biogás rico en metano, excelente como combustible de calderas.

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